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Silvio Rodríguez de fiesta

Prensa Latina / 29-11-2006

Silvio cumple hoy 60 años, con el saldo de casi mil canciones (más exactamente unas 700), en un buen momento para el recuento.

Es el trovador por excelencia de América Latina en los últimos 40 años, de la era del pop electrónico de Los Beatles, la balada de ascendencia europea y latina, y también de la nueva canción, desde el legendario Carlos Puebla hasta nuestro tiempo.

Viví parte de mi juventud cerca de San Antonio de los Baños, su pueblo natal. Seguramente coincidimos en los memorables juegos de béisbol entre el Artesanos -de San Antonio de los Baños- y el Cubanaleco, cuando Pedro Chávez era en esa tierra como decir Mikey Mantle, simplemente un ídolo de multitudes.

En días de fiesta, en San Antonio de los Baños, todos los jóvenes se reunían en el Círculo Artesanos, eje de la vida cultural del pueblo. Allí disfrutaban la sabrosa música con las orquestas de moda: Aragón, Sensación, Neno González. El conjunto Casino, Roberto Faz.

En su juventud Silvio leía muchísimo a José Martí, Edgar Allan Poe y escuchaba a Chaikovski, a Johnny Mathis, Vicentico Valdés y a los Cinco Latinos, hasta que llegaron Los Beatles.

"Cuando apareció el programa Nocturno, en la emisora Radio Progreso y escuché a Charles Aznavour, me gustó; tenía una dinámica más actual, algo diferente en los textos, las orquestaciones eran atractivas. Por entonces yo hacía canciones en tiempo de calypso y cosas que recordaban a habaneras, cuando no algo así como boleros de Vicentico Valdés" -rememoró.

Después vinieron los tiempos del Servicio Militar, su primera presentación Silvio en un Festival de Aficionados de las Fuerzas Armadas cubanas, celebrado en el teatro Amadeo Roldán; fue la primera vez y única que usó traje con cuello y corbata.

Cantaba a dúo con Luis López y una guitarra eléctrica prestada. El dúo nunca ganaba nada, todo lo hacían por amor al arte. Eran días en que resultaba difícil conseguir un permiso para ver a su novia que vivía en el barrio habanero de la Víbora.

En esos tiempos -como toda la juventud cubana- Silvio no bebía, pero se había prometido una borrachera cuando lo desmovilizaran.

"Total que ese día, el 13 de junio de 1967, me sentí con tremendo gorrión (nostalgia), extrañaba el uniforme, a mis compañeros de armas. Entonces comenzó una nueva etapa, enfrentarse a la vida diaria, que es una gran hazaña.

"Un día después de mi desmovilización, instigado por el músico Mario Romeu y algunos familiares y amigos, me atreví a sentarme ante una cámara de televisión, guitarra en mano, e interpretar dos de mis canciones.

"Mi estado de ánimo era parecido al de la gelatina. Aquella noche del programa Música y Estrellas decidió mi cambio de oficio. La verdad es que me encantaba inventar canciones y luego dárselas a conocer a quienes me rodeaban.

"Era algo nuevo, hermoso, fascinante. Fascinación que me suscitaron las primeras visitas a los estudios radiales y televisivos, donde conocí a personas famosas, algunas admiradas por mí desde hacía tiempo".

De esa manera, casi sin darse cuenta, fue abrazando al oficio de cantor.

"Me vi a la espera, cada vez más ansiosa, de proposiciones de programas de radio y televisión; hacía pequeños recitales donde me lo pedían, y llegué a cantar casi hasta donde no me lo pedían.

"Por las noches me iba con mi guitarra pirograbada a un club donde trabajaba Teresita Fernández, no sólo porque me gustaban sus canciones, sino porque, generosa maestra, me invitada a cantar.

"Ella me decía ¿por qué no cantas algo?, después había que mandarme a parar. Y cuando al cabo de algunas semanas alguien de los presentes hizo lo mismo, me puse contento, aunque luchando siempre contra mi obstinada timidez escénica.

"Todos los trovadores que pasaban por allí cantaban a Portillo, José Antonio, Marta Valdés. Fue una etapa muy bonita, una época de la bohemia, de cuando tenía veinte años y muchísimas ganas de cantar".

Ya dentro de la televisión, logra presentarse como conductor del programa Mientras tanto, con canciones "raras", dirigido por Eduardo Moya, una historia enriquecida por la fantasía del tiempo, el espacio y que tuvo repercusiones en los televidentes juveniles.

(El programa de media hora se transmitía cada domingo)

"Me costaba trabajo convencerme de que el cambio de vida era acertado, no me imaginaba, precisamente a mí, tan aguajirado y silencioso, trepado a un escenario y cantando ante un público. Pero en todo caso fueron embates que me hicieron querer mi nuevo oficio de trovador, porque uno ama y se compromete más con las cosas que ha tenido que defender que con las que caen del cielo".

En 1966, abre sus puertas la heladería Coppelia, donde se reunían los trovadores, poetas y escritores por esa época.

"Cuando aquello lo único que tomaba era helado y leche fría, simplemente ricos helados de chocolate bizcochado.

"La Habana era muy compleja y contradictoria. Eran días de jóvenes con el pelo largo y pantalones estrechos, la onda hippie, los hombres con sandalias y medias. Esa historia de Coppelia es larguísima, quizás algún día la escriba y la publique.

"Es difícil contarlo en dos palabras: yo hacía programas de radio y televisión de noche y me ponía a vagabundear por la Rampa (una de las arterias principales de la ciudad), a meterme en los clubes.

"No solamente en el club Cóctel a cantar con Teresita, también en La zorra y el cuervo, donde tocaba un tresero fabuloso llamado Neneíto. A veces, las menos -porque no andaba bien vestido-, pero alguna que otra vez me colaba en el restaurante Monseigneur para ver y oir a Bola de Nieve".

El 1 de julio de 1967 aconteció la primera actuación pública de Silvio en el Museo Nacional de Bellas Artes. El recital se tituló Teresita y nosotros, organizado por el magazin cltural El Caimán Barbudo.

Los poetas decían sus versos: Guillermo Rodríguez Rivera, Félix Contreras, Campanioni, Wichy Nogueras, Félix Guerra; se proyectaban fotos, dibujos del caricaturista del dibujante y caricaturista José Luis Posada e imágenes de Viet Nam. Silvio intercalaba canciones:

Hay una bruja amiga mía y vieja/ que vive en un viejo castillo y sola/. Le pregunté qué padecía mi razón/ y dijo es sed, es sed de amor/.

"Yo estaba asustado aquella noche. Y luego aquella oscuridad y los poetas recitando parados en dos filas hasta que terminaron y salí yo. Estaba muy asustado, no sabía lo que hacía. Mis pretensiones eran las de acostumbrar a los jóvenes y al público en general a un tipo de creación nueva.

"No cantábamos para ganarnos la vida, lo hacíamos cuando teníamos deseos. Escuché una vez a Carlos Puebla una frase definitoria. Dijo que antes, en el capitalismo, cantaba para vivir y después vivía para cantar.

"Me gusta más vivir para cantar, como Carlos Puebla. Lo que más deseo es ser nuevamente un aficionado, cantar cuando sienta deseos. Yo escribía antes tres, cuatro y hasta cinco canciones por día. Tenía la capacidad creativa de la juventud. Hoy compongo tres canciones en un año.

"Siempre me sentí un trovador, esa vocación era lo único que tenía, siempre me gustaron los juglares de Grecia (aedos) y el medioevo. Siempre tendré mucho más que ver con Jean Ferrat, Paco Ibáñez o Bob Dylan que con Michel Legrand aun siendo, como es, un contundente y tremendo compositor. Siempre pedí que me consideraran trovador y así lo proclamé cuando compuse en 1966, hace 40 años, La canción de la trova".

La etapa de Silvio en el Grupo de Experimentación Sonora del Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), junto a Pablo Milanés, Noel Nicola, Sara González, Emiliano Salvador, Sergio Vitier y demás músicos, es digna de ser evocada.

Un verdadero experimento musical, un concepto de trabajo de equipo concebido por Leo Brouwer, a imagen y semejanza -desde el punto de vista técnico- de los Beatles.

Los trovadores empíricos fueron adquiriendo una preparación musical "condensada", que ahora se ha puesto en práctica con los instrumentistas de bandas musicales.

"Leo nos enseñó a componer en colectivo -rememora Silvio-, a estructurar una pieza musical, a repartir todas las partes bajo un mismo concepto, en el que predominara una forma expresiva.

"Todo se discutía sobre esa base de integración. Así, me vi obligado a organizar mis ideas un poco dispersas, mi trabajo había comenzado un poco improvisadamente en todos los sentidos. Era muy intuitivo, con una serie de ideas más o menos claras, pero la vida misma me fue modelando.

"Algo esencial: en el Grupo de Experimentación Sonora me enfrenté a la música técnicamente: allí estudié. Leo tenía una forma de enseñar muy acelerada. El siempre dijo que toda la música se podía condensar. En momentos difíciles de incomprensiones, Leo fue nuestro guía, maestro y hermano, quizás un poco nuestro padre musical".

Después de aquellos primeros tiempos, comenzó la saga de la nueva trova, que es historia conocida. Aunque hay una etapa que vale mencionar, la de los trabajos realizados junto al pianista Frank Fernández. "Frank fue como un puente con el grupo del ICAIC, aprendizaje y colaboración".

Después vale recordar la experiencia con el grupo Afrocuba, con Chucho Valdés y la banda Irakere, en Chile. Con el trío Trovaroco. Una trayectoria musical que abarca casi cuatro décadas.

Ahora, a la distancia de los 60 años, en días de celebración, Silvio complace peticiones. Eso viene siendo -como decían los viejos, en San Antonio de los Baños-, como un mantecao (helado) a kilo (un centavo).

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