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¿Tribunal electoral o "club de Toby"?

Ricardo Monreal Ávila / Organización Editorial Mexicana / 24 de octubre de 2006

¿Recuerda usted la manera en que Toby, ese simpático personaje de las caricaturas infantiles, designaba anualmente a los integrantes de su club? En una caja negra metia un sinnúmero de papelitos con los nombres de los aspirantes. Después agitaba la urna durante unos minutos y procedía a abrirla. Las decenas de papelitos se reducían a tres nombres y eran los aceptados. Nadie sabía ni pedía explicaciones de cómo había desaparecido el resto de aspirantes. "Fue la suerte"', era la explicación de Toby.

Algo similar en el fondo, aunque no en la forma, es lo que ha aplicado la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para integrar las ternas de candidatos a magistrados electorales con quienes habrán de renovarse seis de los siete asientos que conforman el pleno del tribunal electoral del poder judicial de la federación (TEPJF).

De entrada, la convocatoria tuvo escasa difusión y una vigencia de escasos cinco días hábiles (del 11 al 18 de septiembre). Tan sólo uno de los requisitos (copias certificadas por notario público de los documentos presentados) implicaba, en situaciones normales, 15 días naturales. Esto restringió de manera automática el universo de posibles interesados en participar en el proceso de selección.

Alrededor de 160 fueron los aspirantes que se inscribieron en esta primera ronda. Vino después lo más delicado: el proceso de selección en varias fases de 18 finalistas, de entre los cuales el Senado deberá optar por seis.

Los criterios con los cuales se eliminó a 142 aspirantes permanece en el reino de la discreciónalidad y la opacidad. Como en el método utilizado porToby, nadie recibió explicación alguna de su exclusión, a pesar de que fueron muchas las solicitudes en ese sentido. Esto es algo muy grave, por provenir de la máxima instancia de justicia del país, donde la garantía de audiencia y los principios electorales de certeza, imparcialidad, objetividad, independencia y legalidad deben observarse cabalmente.

Debe aclararse que no se cuestiona la honorabilidad, experiencia, formación y capacidad de los 18 aspirantes finalistas para ocupar la magistratura electoral. Lo que está en duda es la falta de transparencia y la opacidad del procedimiento seguido, ya que con ello se vulnera la legitimidad del máximo tribunal electoral del país.

Muchas dudas y cuestión a miento s dejó la reciente actuación del TEPJF en la calificación de la elección presidencial como para venir agregar un bidón de gasolina a la hoguera aún encendida. Debe reponerse el procedimiento seguido por la SCJN para evitar que el próximo tribunal siga la suerte del actual IFE: de ser instituciones respetadas por los ciudadanos, terminen en dependencias secuestradas por el partidismo, el burocratismo, el infiuyentismo, el amiguismo y el desprestigio político. La calidad de nuestra democracia electoral deja mucho que desear, como para venir ahora a integrar una institución de consigna, en lugar de un tribunal de justicia.

ricardo_monreal_avila@yahoo.com.mx

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