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Partido Popular Socialista de México | http://www.ppsdemexico.org » Fragmento del Informe al 128 Pleno del Comité Central / 01 y 02.12.06 La modalidad que adoptó el capitalismo en el mundo en el último cuarto de siglo –la globalización neoliberal- no fue un acto de creatividad ni una muestra de audacia, sino que constituye la forma que corresponde a un capitalismo senil en crisis, tiempo en que todas las contradicciones del sistema se agudizan y auguran su final cercano. Todas las contradicciones que ha generado el sistema capitalista mundial se dan en esta etapa de una manera más aguda que antes.
El derrumbe del proyecto socialista que se venía construyendo en Europa Central y del Este y en la Unión Soviética, y la desaparición de ésta, como la gran nación surgida como fruto de la Revolución de Octubre, baluarte del proletariado mundial, concreción de sus anhelos de construir una sociedad superior, altamente humanista, ha sido el más duro golpe que han dado, sus enemigos, a la clase trabajadora y a los pueblos del mundo a lo largo de la historia. Llenos de soberbia, los ideólogos al servicio del imperialismo proclamaron de mil maneras, entonces, que el régimen de la explotación del hombre por el hombre –al que de manera contradictoria y malintencionada llaman “democracia liberal”- sería eterno y que la única perspectiva para los explotados sería, por tanto, la resignación, ya no la lucha, que estaba condenada al fracaso, puesto que la victoria que habían alcanzado los dueños del capital y sobre todo los imperialistas, sería definitiva e irreversible. Pocos años han bastado, sin embargo, para demostrar el carácter endeble y falso de sus elucubraciones. Su victoria no les alcanzó para hacer desaparecer al socialismo de la faz de la Tierra: subsistió en varios países y regiones como régimen en proceso de construcción, aun en las condiciones adversas que significó la correlación mundial de fuerzas que dominó a partir de los finales de la década de los ochentas e inicios noventas del siglo XX. Diversos pueblos han continuado con la tarea de explorar las vías para desarrollar sus fuerzas productivas, lo que entraña un rasgo fundamental del socialismo, sin la hegemonía del imperialismo, campo en el cual los logros de China son enormes, pero también hay resultados positivos en Vietnam y en Cuba, con distintos instrumentos y con enfoques diversos, sobre todo en el caso de ésta última. Desde otro ángulo, la experiencia de Cuba es verdaderamente ejemplar en el aspecto de la construcción de una sociedad presidida por la ética, la solidaridad y la fraternidad humana como valores supremos, en lo nacional y en lo internacional, y de una sociedad que tiende a erradicar las clases sociales y, por ende, las diferencias de clases. Estos mismos pocos años han sido suficientes, de igual manera, para dejar en claro que, por su parte, el sistema de la propiedad privada de los medios de producción y cambio –el régimen capitalista- tampoco logró resolver ninguna de sus contradicciones, las que descubrió y puso en evidencia Marx, y que llevarán al sistema a su desaparición fatal, pues se trata de contradicciones insuperables. ¿Cómo puede llegar a soñarse inmortal un sistema que contiene, entre otras, una contradicción fundamental, que se da entre la producción, que tiene un carácter cada vez más social, y la apropiación privada de lo producido, que se realiza por un grupo más breve a cada momento? Esta contradicción, que le es congénita y connatural, tiende a asfixiar al sistema capitalista por su predisposición a reducir la reproducción ampliada del capital, hacia su virtual extinción, sin la cual no puede subsistir. La citada contradicción fundamental se expresa asimismo en la concentración y centralización del capital, que hoy en día alcanzan proporciones sin precedentes en el nivel planetario, y también en el nacional, en el caso de México. La tasa de ganancia, por otra parte, se reduce inexorablemente, como resultado del desarrollo de los instrumentos de producción –acelerado hoy por la llamada Revolución Científico-Técnica-, puesto que los capitalistas cada vez dedican una porción mayor de recursos a la inversión en maquinaria y equipo más moderno, con tecnología avanzada, para producir más con menor costo y eliminar a sus competidores, y una porción menor a la compra de fuerza de trabajo o “capital vivo”, no obstante que éste, el trabajo humano, es el único capaz de producir plusvalía, es decir, generar riqueza nueva. La reducción de la tasa de ganancia, prevista por Marx, ha llegado hoy a proporciones nunca vistas y mantiene esa tendencia fatal; por esto, el sistema capitalista mundial, en esta fase de senilidad, tiende más a la especulación, porque producir va siendo menos “rentable”. Y en la medida en que más capitalistas destinan más recursos a la especulación y los retiran de la producción, ayudan a profundizar la crisis definitiva del sistema, aun cuando lo hagan de manera inconsciente. La especulación absorbe hoy recursos mayores infinitamente que los que se destinan a la producción y esto es otra demostración más, muy clara, del estado de envejecimiento avanzado e irreversible en que se halla este sistema. La modalidad que adoptó el capitalismo en el mundo en el último cuarto de siglo –la globalización neoliberal- no fue, por tanto, un acto de creatividad ni una muestra de audacia, sino que constituye la forma que corresponde a un capitalismo senil en crisis, tiempo en que todas las contradicciones del sistema se agudizan y auguran su final cercano. Es una etapa en la que el imperialismo se exacerba, se torna más voraz e insaciable; más contaminante y destructor de la Naturaleza y de sus recursos, más devastador de la Vida en todas sus formas; más agresivo contra los Pueblos todos, del mundo, véanse los casos de Afganistán, Irak, Palestina, Líbano, y los amagos a Irán, Corea, Siria, Venezuela, Cuba… El imperialismo se vuelve amenazador para la Civilización, más que nunca, para los frutos de la Cultura Universal y de las Culturas particulares de los pueblos; más peligroso para la Humanidad toda. Todas las contradicciones que ha generado el sistema capitalista mundial se dan en esta etapa de una manera más aguda que antes: la contradicción entre las potencias imperialistas y los pueblos que luchan por su liberación; la que se da entre el imperialismo y la clase trabajadora de los países imperialistas, y la interimperialista, entre sus distintos focos de poder, hoy sobre todo Estados Unidos y la Unión Europea, que se disputan el dominio del mundo. El imperialismo toma hoy el carácter de enemigo fundamental de la clase trabajadora y los pueblos del mundo, con mayor nitidez que nunca. ¿Cuáles son algunas de las principales tendencias que se expresan en el mundo hoy, veinticinco años después de la puesta en marcha de la llamada globalización neoliberal y transcurridos tres lustros de la desaparición de la URSS, que fue decretada en diciembre de 1991? Las tendencias, en esta coyuntura y en pleno capitalismo senil, apuntan, en lo económico, hacia otra contracción de la producción mundial, de la que, paradójicamente, la esperanza de que ésta no sea tan severa, recae principalmente en la expectativa de crecimiento de la economía asiática, en la que China desempeña el papel principal. La Unión Europea tiende a un crecimiento reducido y Estados Unidos a uno más modesto en los años que vienen; con ello arrastrará en su caída a los países dependientes como el nuestro, y otros de América Latina. En la correlación de fuerzas, las más beligerantes, peligrosas y más reaccionarias del imperialismo yanqui, que emergieron amenazantes del 11 de septiembre de 2001, han sufrido fuertes descalabros. Su invasión a Afganistán y a Irak ha caído en el descrédito a los ojos de los pueblos del mundo y del propio pueblo de Estados Unidos, a pesar de todos sus recursos propagandísticos, lo que se ha reflejado en la derrota electoral del Partido Republicano, hace unos días. No obstante, las fuerzas más regresivas del imperialismo y sus lacayos, retoman rasgos de la época del fascismo en muchos lugares del planeta; ejercen el terrorismo de Estado; suprimen libertades y derechos democráticos, individuales y colectivos, fruto de largas luchas históricas; acentúan conductas de feroz anticomunismo; inhabilitan organizaciones de lucha, comunistas y progresistas; criminalizan las luchas y a los luchadores populares; califican de “terroristas” a los emancipadores y revolucionarios y a gobiernos de países que asumen posturas dignas y antiimperialistas; promueven la xenofobia y el racismo. La lucha de clases tiende a agudizarse en el escenario del mundo cada vez más. Se incrementa y crece en su importancia la batalla de las ideas. Crece asimismo la movilización de los pueblos del mundo contra el neoliberalismo, en su calidad de expresión actual del imperialismo; también la lucha contra las guerras que desatan el imperialismo y el sionismo, y la lucha en defensa de las libertades y los derechos individuales y sociales. www.unidad.org.mx | unidad.mexico@gmail.com
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