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Pascual Salanueva Camargo / Noticias de Oaxaca / 05-11-2006 Alejada de las cámaras de televisión y de las cámaras fotográficas, en el Periférico, a la altura de las calles Independencia, Hidalgo, Rayón y Arteaga, tuvo lugar otra batalla, cuyos protagonistas fueron, por un lado, tres nutridas hileras de elementos de la Policía Federal Preventiva, apoyados desde el aire por helicópteros; y del otro, un singular contingente integrado por niños, jóvenes, mujeres y ancianos, quienes con coraje y decisión inquebrantables, evitaron que Radio Universidad cayera en manos de la PFP. Nadie que a eso de las diez de la mañana hubiera pasado por ese rumbo del Periférico, habría podido imaginarse, que un puñado de personas, que más bien parecían espectadores, creciera de manera desmesurada y no sólo se enfrentara a los soldados improvisados como policías federales, sino que los hiciera retroceder y abandonar precipitadamente el campo de batalla. Y es que las familias de oaxaqueños que estaban escuchando Radio Universidad, no pudieron desentenderse de lo que estaba ocurriendo a unos cuantos metros de distancia. Aun cuando la voz de la conductora trataba de ser serena, hacía notar que la PFP estaba preparando el asalto a Radio Universidad y pedía a los oaxaqueños que no dejaran solos a los universitarios. A partir de ese momento ya nadie pudo estar en paz. Aguijoneados por su conciencia, cientos de ellos, abandonaron sus casas y como pudieron llegaron a las inmediaciones del campus universitario. No pudieron avanzar más, porque las vallas formadas por la PFP se lo impedían. Entonces, en el Periférico, empezaron a ocurrir cosas insólitas. El ejemplo de dos mujeres que desde su llegada se dieron a la tarea de golpear con piedras, un poste metálico de luz, fue imitado por los demás. El ruido, entonces, se hizo ensordecedor. Y como esperaban, los soldados embutidos en uniformes de policías, empezaron a sentirse inquietos, agredidos, mientras desde el aire los helicópteros lanzaron más bombas lacrimógenas. Entonces, alguien de manera espontánea
cantó a capela "Venceremos", el himno del magisterio
y las gargantas que estaban alrededor hicieron un formidable eco. Luego,
se escuchó la consigna:"El pueblo unido jamás será
vencida", y entonces, algo inexplicable ocurrió. Las mujeres no se quedaron atrás. Entre todas, movieron dos camionetas nuevas, blancas, que estaban estacionadas y las atravesaron en el Periférico. Y también les prendieron fuego. Los elementos de la PFP fueron tras los manifestantes, en tanto, la tanqueta les disparaba un chorro de agua. Los vecinos que viven a un costado del
Periférico, observaban todo desde sus azoteas, sin embargo, los
helicópteros que no cesaban de sobrevolar, les lanzaron bombas
lacrimógenas, obligándolos a bajar a la carrera. La gente
de abajo, repuestos de la carrera, se reorganizó y coreó: Tanto las tanquetas como la policía continuaban avanzando. La gente, incluido los ancianos corrían, para no ser alcanzados por el agua turbia o el humo picante de las bombas lacrimógenas.
Los carros ardían a lo largo de
ese tramo del Periférico. El helicóptero volaba rasante,
arrojando bombas a diestra y siniestra. Abajo, casi no había niño,
joven, mujer o anciano que no tuviera los ojos rojos y anegados de lágrimas
por los gases. Una mujer que había llevado una enorme Coca cola,
mientras le duró el líquido, los ayudó a sobrellevar
el ardor de los ojos. Entre los jóvenes comenzaron a maquinar cuál era el mejor plan a seguir. -Provóquenlos. Provóquenlos para que se vengan para acá, y luego los rodeamos- sugirió alguno de ellos, refiriéndose a los elementos de la PFP. La gente que estaba con ellos, entendió que de lo que se trataba era de mantener entretenido a esas tres filas de policías para impedir que atacaran Radio Universidad, así que entraron nuevamente al deshuesadero y sacaron más chatarra. Pero más tardaban en ponerla sobre el Periférico que, las tanquetas de la PFP en hacerlas a un lado. Entonces, un policía de la PFP aventó su tolete, pegándole a uno de los muchachos, lo que enardeció más aún a los manifestantes, quienes tratando de vengar a su compañero, se le fueron encima a la PFP, derribando a su paso a un camarógrafo canadiense. Fue tal la ira de la gente, que por primera vez la PFP tuvo que replegarse. Sin embargo, una vez que ésta se reagrupó, los volvieron a echar para atrás, logrando por un instante cundiera el desánimo entre ellos. -¡Qué impotencia! Pero no nos vamos a dejar. Vamos a ganar- repuso enseguida. De todos los rumbos la gente continuaba llegando y de inmediato se sumaban a la lucha. A su vez, los helicópteros, para desalentar la resistencia, lanzaba un arsenal de bombas, haciendo retroceder al foco de resistencia. De repente se quedaban a la expectativa.
Entonces surgían las voces de alerta: Pero cuando parecía que la resistencia
finalmente se iba a imponer, surgían los chorros de agua o caían
del cielo las bombas de gas. Aun así, nadie se amilanaba, ni siquiera
el viejo campesino. Y desde abajo le hacían señas obscenas al helicóptero. Cerca de las dos de la tarde, tanta presión del pueblo en contra de la PFP dio resultado. Los policías fueron retrocediendo, hasta abandonar finalmente el campo de batalla. La resistencia del pueblo se había impuesto. Guerreros populares a bordo de motos y con el rostro cubierto vigilaban las barricadas de la APPO en inmediaciones de Cinco Señores. www.unidad.org.mx | unidad.mexico@gmail.com
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