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IglesiasMártires y asesinos. Los otros cristeros

Edgar González Ruiz* / www.adital.com.br / 24.06.04

El pasado 22 de junio, el Papa Juan Pablo II reconoció como mártires de la fe católica a 13 mexicanos asesinados durante la guerra cristera que enfrentó al Estado con la jerarquía católica en el sangriento conflicto que tuvo lugar de 1926 a 1929. Entre los candidatos a ser canonizados se cuentan no sólo sacerdotes sino varios laicos, entre ellos Anacleto González Flores, nacido en 1888 y asesinado en Guadalajara, Jalisco, el 1 de abril de 1927.

González Flores fue también uno de los principales ideólogos de ese movimiento violento, a quien el sacerdote cristero Heriberto Navarrete, quien combatió de 1926 a 29, atribuye la frase: "para jugar en este garito (cabaret) no nos han dejado más que una baraja sucia y la vamos a usar". Siguiendo la tradición de su padre, no de sus hijos, también Anacleto González, fue en los años 70 uno de los dirigentes de la peligrosa organización secreta llamada Los Tecos, y fundada en los años 30 en Guadalajara, al occidente de México, donde son dueños de periódicos y de una universidad privada y han mantenido relación con grupos ultraderechistas internacionales de cuño anticomunista.

En esa época, los Tecos reaccionaron violentamente, en defensa del conservadurismo católico, contra las tendencias progresistas en la Iglesia y llegaron a oponerse al pontificado de Juan Pablo II. Se les atribuyen varios asesinatos, sobre todo en Guadalajara, de católicos que mantuvieron su lealtad a ese pontífice. En círculos muy restringidos de la extrema derecha mexicana se comenta que el reconocimiento pontificio de Anacleto apunta hacia una mayor politización de la causa cristera por parte del pontífice, quien, se especula, de seguir así, podría reconocer de manera análoga a otros ideólogos de la extrema derecha y organizadores de grupos secretos que también fueron asesinados en su lucha política.

En lo que va de su pontificado, es la segunda vez que Juan Pablo II hace un reconocimiento colectivo a los "mártires" cristeros, pues el 21 de mayo del año 2000, Juan Pablo II canonizó a 25 "mártires" de la guerra cristera, decisión que se daba en el contexto de la intensa competencia electoral entre el oficialismo y la derecha de aquel entonces, cuyo candidato era el actual presidente Vicente Fox, quien durante su campaña hizo referencia en alguna ocasión a consignas cristeras. En 2000, el Papa llevó a los altares a otro personaje con clara participación política, el sacerdote Miguel de la Mora, del estado de Zacatecas, otra de las regiones donde fue intensa la guerra cristera, y que pertenecía a los Caballeros de Colón, poderoso grupo que mediante sus recursos económicos y su influencia apoyaron el movimiento violento de los cristeros en la guerra de 1926 a 29. Aunque no es tema favorito de los simpatizantes de la causa cristera, es pertinente recordar que esta se prolongó bajo la forma de una guerra de guerrillas ya sin apoyo oficial del clero, durante los años 30, en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, en un clima mundial en el que la derecha católica de México y de muchos otros países simpatizaba con las corrientes totalitarias de la época, especialmente con los gobiernos de Mussolini y de Franco, a quien los cristeros consideraban "Salvador de España". Al igual que Franco, los cristeros pretendían exterminar a masones, socialistas y liberales y como él abolieron el divorcio en los territorios que llegaron a controlar.

La simpatía de las huestes cristeras con Franco fue tan grande que luego de la derrota de las tropas republicanas bandas de guerrilleros cristeros emitieron una orden para perseguir a los refugiados españoles de ese bando que llegaran a México. La circular cristera fechada el 24 de enero de 1939 ordenaba la persecución de "la chusma de malvados que pretendieron estrangular (sic) a la Madre Patria, pero que ahora castigados como merecen por el verdadero pueblo español, tratan de venir a México a continuar su labor de asesinato y exterminio" La década anterior, en 1929, los cristeros se deshacían en elogios hacia Mussolini por su acercamiento con la Iglesia, a tal grado que en una carta privada un jerarca mexicano, el entonces arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores llegó a desear para México "que Dios nos dé un Mussolini".

En aquella época, una de las principales motivaciones de la lucha cristera era oponerse a las tendencias prosocialistas de Cárdenas, a la reforma agraria y especialmente a la educación sexual, y a la educación mixta, de niños y niñas. Durante las dos guerras cristeras, los dos bandos cometieron hechos de salvajismo incalificable, en particular, los cristeros quemaban escuelas, solían mutilar a los maestros y maestras de las zonas campesinas, cortándoles las orejas, la punta de la lengua, para que no pudieran dar clases, o castrándolos. Sus represalias contra los agraristas, o promotores de la reforma agraria eran también salvajes. Todos esos hechos se relataron en la prensa de la época e incluso algunos de ellos eran comentados con regocijo, con verdadera crueldad religiosa en publicaciones del bando cristero como el periódico David. La propaganda cristera contra la educación sexual llegó al extremo de identificarla como un proyecto del judaísmo mundial o de la masonería contra la civilización cristiana, y a difundir que como parte de esa educación los educadores promovían contactos sexuales entre los niños y niñas. En esa cruzada contra la educación participó un grupo que existe a la fecha y que ha recibido amplio apoyo por parte del gobierno de Fox: la Unión Nacional de Padres de Familia.

Si la educación sexual se reconoce hoy como un derecho de todas las personas, entonces así como la Iglesia glorifica a sus mártires en las luchas cristeras, la sociedad y el sector educativo en particular, tendría que reconocer como héroes y como mártires de la enseñanza y de la libertad a esos maestros y maestras bárbaramente asesinados por los cristeros. La propaganda cristera contra la educación sexual llegó al extremo de identificarla como un proyecto del judaísmo mundial o de la masonería contra la civilización cristiana, a difundir que como parte de esa educación los educadores promovían contactos sexuales entre los niños y niñas, y, apelando a sofismas que a la fecha no han abandonado, en esa cruzada contra la educación participó un grupo que existe a la fecha y que ha recibido amplio apoyo por parte del gobierno de Fox: la Unión Nacional de Padres de Familia.

De entre los muchísimos casos documentados de la barbarie cristera contra los maestros rurales cabe mencionar el ocurrido el 26 de octubre de 1935 en Huiscolco, municipio de Tabasco, Zacatecas, contra la maestra María Murillo, quien luego de ser ultrajada de diversas formas, fue mutilada y sus senos cortados fueron puestos uno a cada lado de un camino local para hacer desistir a las maestras de impartir educación sexual o de apoyar el reparto de tierras. A ella se le dejó morir sin brindarle atención médica. No se trata de un caso aislado, sino que así era la violencia cristera. Con un espíritu similar al que hoy lleva a justificar crímenes apelando a Dios, abundan los testimonios del bando cristero donde se apela a la ayuda divina para explicar como un milagro divino las matanzas que hicieron entre sus enemigos, se habla incluso de la presencia de alguna virgen en los campos de batalla como una señora en un caballo blanco que recorría las trincheras animando a los católicos y levantando una gruesa nube de polvo que impedía que los cristeros fueran vistos por ellos, y una plegaria, que data de 1927 decía: "…Si Dios nos concede tomar las posiciones enemigas, desalojar de allí a los agraristas, matar al jefe de ellos y que de nosotros no muera ninguno, iremos todos a rezar a la santísima virgen María, un rosario de quince misterios, sobre la tumba de nuestros mártires…"

Sin duda, los cristeros han sido uno de los más influyentes símbolos de la extrema derecha en México, que ha trascendido en otros países y ha sido la inspiración de los grupos católicos mexicanos, tanto de organizaciones secretas como de otras que hoy prosiguen su lucha con las armas poderosas de la explotación económica. Así, el año pasado se publicó el libro Mi Vida es Cristo, que es una larga entrevista autobiográfica de Marcial Maciel, fundador del poderoso grupo internacional de los Legionarios de Cristo, creado en México a principios de los 40 y donde el cuestionado dirigente católico reconoce la influencia que en la génesis de los Legionarios tuvieron las imágenes de los cristeros. Si bien es justo y humano lamentar la muerte y el sufrimiento de los congéneres, hayan sido del bando cristero o del progresista, en el mundo de hoy, ensangrentado de nuevo por el fanatismo religioso, cabe reconocer en todo su valor la labor del gobierno y del ejército mexicano de principios del siglo XX en su defensa del laicismo frente a las huestes cristeras.

* Autor de varios libros entre ellos La Última Cruzada. De los cristeros a Fox (México, 2001) y Los otros cristeros, publicado recientemente por la Universidad Autónoma de Puebla, en México.

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