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¿Quién realmente elige a nuestros gobernantes?

José Santos Cervantes

“Si la clase dominante pierde el consenso deja de ser dirigente,
se vuelve únicamente dominante, mantiene apenas la fuerza coercitiva,
lo que comprueba que las grandes masas se alejaron de la ideología tradicional,
no creyendo ya en lo que creían antes”. Gramsci

El pueblo se aleja cada vez más de las urnas. De manera consciente o no, se da cuenta que el resultado de las elecciones federales o locales no le acarrea ningún beneficio real y permanente, por el contrario sólo sirve para mantener el actual e injusto sistema social. La mayor parte del pueblo que participa de manera activa no tiene ninguna noción del significado del sistema de partidos en el régimen capitalista. No se da cuenta que sin los partidos políticos electoreros sería imposible el funcionamiento de la democracia burguesa, sin ellos la clase dominante se vería en la necesidad de apoyarse abiertamente en los órganos de violencia: ejército, policía, cárceles, etc. Por eso la burguesía aprovecha los procesos electorales por un lado para cimentar y darle legitimidad a su dominio de clase y por otro para obtener enormes ganancias, es decir, negocio redondo.

En una sociedad como la nuestra donde el poder económico está en manos del capital financiero especulativo, la política burguesa sólo puede ser manejada como la bolsa de valores: se impone una política ficticia, de acciones y apuestas, de encuestas, sondeos y medios de comunicación, de apariencias y mascaradas, donde por regla general, triunfan quienes más recursos invierten en crearse una imagen “creíble” a pesar del marcado desprestigio de las instituciones ejecutivas, legislativas, y judiciales, el aumento de los conflictos de las mafias políticas al interior de los partidos por el reparto del botín que significan los puestos públicos, la desconfianza cada vez mayor en los sistemas electorales, el desgaste acelerado de los gobernantes recién electos o nombrados, la proliferación de escándalos de corrupción, y la decadencia de la demagogia como recurso para capitalizar la frustración y la desesperación de la población.

En la democracia burguesa, tras los mecanismos de poder representativos, renovables y elegibles, se esconden profundas desigualdades en su competencia y sobre todo la usurpación de la soberanía popular. El pueblo no tiene ninguna posibilidad real de participar en la elección de sus representantes legítimos, la burguesía controla todo, la legislación, los recursos económicos y materiales, a las mafias dueñas de los partidos electoreros, los medios de comunicación, los organismos electorales, etc. Al pueblo sólo le toca votar por los candidatos que ya antes la oligarquía determinó que fueran los ganadores. A pesar del endiosamiento que la burguesía hace de los organismos electorales como ejemplos de transparencia e imparcialidad, estos aparatos costosísimos para el pueblo, son vulnerables al fraude cuando la situación se le escapa de las manos.

¿Qué es lo que realmente se esconde detrás de toda esta fachada seudodemocrática a nivel mundial, detrás de las instituciones supuestamente democráticas? Se esconde el poder real, el poder permanente que no pasa por el sufragio universal. A nivel planetario quienes realmente gobiernan son: el Fondo Monetario Internacional (FMI); el Banco Mundial (BM); la Organización Mundial de Comercio (OMC); la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); las 500 empresas transnacionales que controlan el 80 por ciento de la producción y el comercio mundiales; la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas; el Vaticano; las grandes redes del narcotráfico, etc. Estos son fundamentalmente quienes deciden los tipos de gobernantes, de partidos políticos y las políticas que se han de aplicar de acuerdo a sus intereses en casi todo el mundo.

¿Quién se esconde detrás -además de todos estos- de las elecciones en nuestro país? la oligarquía, los grandes monopolios: de Slim; Azcárraga; Salinas Pliego; los que concentran la propiedad de la tierra; industrias, y servicios; la alta jerarquía eclesiástica; las mafias de narcotraficantes, etc. Estos son el poder permanente, el poder real en nuestro país a estos nadie los elige, elecciones van y elecciones vienen y ellos siguen teniendo el poder, nadie se atreve a tocarlos. Estos son los que impusieron a Felipe Calderón contra la voluntad popular, echando mano de sus instrumentos, el poder ejecutivo, legislativo y judicial, el clero, la mafia que se ha adueñado de los partidos electoreros, los organismos electorales, los medios de comunicación, el ejército y la policía, en el fondo así lo hicieron antes con Vicente Fox, Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, aunque las formas hayan sido distintas.

En Zacatecas, Oaxaca, Aguascalientes y Baja California ahora que se hace tanta alharaca con los resultados electorales ¿Quién está detrás -además de las poderosas fuerzas transnacionales y nacionales-, de los procesos electorales locales? los terratenientes, los grandes agricultores y ganaderos, los grandes industriales y comerciantes, el clero, los dueños de la televisión, de la radio, los narcotraficantes, etc. Estos son el poder real, permanente, a estos nadie los elige. Ellos deciden junto con la mafia política, qué partidos electoreros suben o bajan en las preferencias, quienes son los legisladores, gobernadores y hasta presidentes municipales, así como el partido en que participen. En el colmo o como muestra de control y dominio del sistema de partidos, en algunos casos estas poderosas fuerzas económicas ni siquiera tienen necesidad de influir porque todos los partidos y candidatos representan lo mismo, y les da igual quien llegue al puesto público. A la parte del pueblo que todavía cree en esta seudodemocracia, con su voto lo único que hace es legitimar su esclavitud ante el poder de la clase dominante, de sus explotadores.

¿Cómo puede conocer esto nuestro pueblo?, cuando apenas sabe leer y escribir, cuando la inmensa mayoría nunca ha leído un libro. Cuán hermosa y profunda es la verdad que contiene el apotegma martiano: “Ser culto es el único modo ser de ser libre”. Nos falta mucho trabajo para cambiar ésta situación.

 

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