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Fidel vive

Ned Sublette / The nation CubaNews / 21-09-2006 / Traducción al español por Esther Pérez.

El 29 de julio de 1953, tres días después del fracaso del audaz asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, Fidel Castro estaba muerto. Eso dijo el periódico Ataja.

Su obituario ha estado listo desde entonces. Los editores han echado mano de él periódicamente y lo han vuelto a hacer a un lado. Con cada entierro prematuro, el obituario se hace un poco más extenso. El 31 de julio del 2006 ganó una nueva línea, cuando el jefe de estado de más larga permanencia en el cargo en todo el planeta les transfirió temporalmente varias de sus funciones administrativas a su hermano Raúl y otros funcionarios, según lo establecido en la legislación cubana, durante el período necesario para someterse a una operación a causa de un sangramiento intestinal y la posterior convalecencia.

Como no pueden reproducir el obituario de Fidel, los editores no saben qué publicar.

Lo quieren muerto.

En Miami, donde es profundamente odiado de manera muy personal lo quieren realmente muerto. Durante varias décadas, los titulares de la prensa miamense han proclamado que Castro no dura seis meses más en el poder. Castro tiene cáncer, tiene la enfermedad de Parkinson, se desmayó, agoniza, está llegando a los sesenta, está llegando a los setenta, está llegando a los ochenta.

Cuando se acallaron los bocinazos y las celebraciones que siguieron al 31 de julio, el congresista republicano por la Florida Lincoln Díaz Balart, amenazó a los militares cubanos. "Los militares en Cuba van a tener que tomar una decisión en los próximos días, semanas, meses." Oscar Corral, del Miami Herald, citó a Díaz Balart: "O están junto al pueblo cubano, o sus nombres se incluirán en una lista de infamia a la que el pueblo de Cuba tendrá acceso en el futuro. Es muy importante que los militares sepan que no les conviene estar en esa lista."

La guerra mediática contra Cuba emplea un discurso espectacularmente beligerante. Desde hace largo tiempo, lo normal para el gobierno estadounidense es referirse al gobierno cubano como un "régimen". El cambio de régimen en Cuba es la política oficial de los Estados Unidos, elevada al rango de ley a partir de 1996, cuando Bill Clinton firmó la delirantemente monumental Ley para la Libertad y la Democracia en Cuba. Según esa ley, un gobierno cubano que incluya a Raúl Castro es específicamente inaceptable como "gobierno de transición". Y también lo es cualquier gobierno que interfiera las transmisiones propagandísticas dirigidas a Cuba por Radio y TV Martí. Permitirlas es una condición legal para obtener el reconocimiento de los Estados Unidos.

Un régimen amenaza al otro. Una búsqueda en Google arroja 464 000 documentos bajo el encabezamiento de "régimen de Castro", pero 1,4 millones bajo el de "régimen de Bush". El 3 de agosto, en una declaración retóricamente dirigida al pueblo cubano, George W. Bush reforzó la amenaza de Díaz Balart: "Tomaremos nota de aquellos miembros del actual régimen cubano que se opongan a vuestro deseo de una Cuba libre."

Es dable presumir que el exembajador cubano ante las Naciones Unidas, Ricardo Alarcón, aparece en la lista de secuaces (la palabra se emplea en el discurso oficial estadounidense) cubanos, ya que es el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Cuando el programa All Things Considered de la NPR entrevistó a Alarcón el 2 de agosto, la entrevistadora Michelle Norris decidió que Raúl Castro ya debería haber hablado en público para esa fecha. Presionó a Alarcón sobre el tema, al preguntarle: "¿Cuándo lo podrá oír el pueblo cubano?"

Alarcón respondió: "Nosotros no funcionamos para complacer a los medios de comunicación de los Estados Unidos".

Los Estados Unidos querían acontecimientos dramáticos. En La Habana reinaba la calma.

El 31 de diciembre de 1958 Fulgencio Batista permanecía en el Palacio Presidencial habanero mientras, en Santa Clara, las fuerzas insurgentes se enfrentaban a los tanques, que dejaron entre sus filas un total de 3 000 muertos. Al menos esa fue la principal noticia internacional que apareció al día siguiente en la primera plana del Chicago Tribune. En realidad no era cierto. Batista había huido dejando detrás unas arcas vacías.

Cuando al fin se publique el obituario de Fidel, tendría que contar cómo, en los noventa, Cuba resistió la violenta contracción económica ocasionada por la desaparición del CAME, gracias al cual no sólo la Unión Soviética, sino también la República Democrática Alemana, Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría y otros se habían convertido en sus socios comerciales. Mientras en 1992 el columnista del Herald Andrés Oppenheimer publicaba su libro Castro's Final Hour (La hora final de Castro), el pueblo cubano compartía de manera bastante uniforme lo que los economistas gustan de llamar "austeridad", sin hipotecarse con los tristemente célebres programas de ajuste estructural del Banco Mundial y el FMI. El país salió de ese trance tambaleante, pero de pie, con su sistema intacto, aunque al costo terrible de una población traumatizada por una prolongada escasez de alimentos y otros bienes básicos, y una desalentadora oleada migratoria. A partir de entonces, la economía cubana ha continuado mejorando, aunque aún no parece alcanzar su nivel récord de prosperidad posrevolucionaria alcanzado a fines de los ochenta.

Para muchos en Miami, New Jersey y otros sitios, el nombre de Fidel Castro evoca las ejecuciones de los primeros días de 1959, los presos políticos, los pequeños negocios y grandes haciendas confiscados, las casas de familia que se dejaron atrás. Para ellos, es un tirano que esclavizó al pueblo cubano y condenó a Cuba a una pobreza y un deterioro sin fin. Dado que el Miami cubano es mayoritariamente blanco y entre un 60 y un 70% de los habitantes de La Habana son, hoy por hoy, de color, Fidel es, para algunos, el hombre que les entregó Cuba a los negros. La influencia política y financiera de Miami, intensamente concentrada, ha dictado la política de los Estados Unidos hacia Cuba, que no forma parte de la política exterior, sino de la interna, y que tiene como fin obtener los favores de la Florida mediante un acto de equilibrismo entre un discurso agresivo y la impotencia.

Ahora es el momento de endurecer el embargo, ha insistido durante varias décadas la derecha cubano-norteamericana, sostenida por el odio popular y mucho dinero. Hay que apretar un poco más a Castro para que el régimen se desintegre. Los verdaderos dueños regresarán al país. Cualquiera que quiera hacer negocios con Cuba tendrá que hablar con nosotros. Nuestros expertos de la Florida están listos para enseñarles a los cubanos cómo funcionan la Libertad y la Democracia. Apoyaremos a nuestros candidato preferido con dinero, medios de comunicación, mensajes. Nuestros libertadores serán recibidos con flores por un pueblo agradecido.

La derecha de Miami, que cuenta con Jeb Bush como uno de sus miembros más orgánicos, y que reivindicó orgullosa el crédito por la victoria electoral del 2000 en la Florida, se siente frustrada desde hace mucho tiempo por lo que percibe como la inacción de Washington. Sus miembros estaban ciento por ciento a favor de la guerra en Irak, cuyo escenario era el que desde hace mucho postulaban para Cuba. Saquen al dictador, desintegran las instituciones, depongan a quienes hacían funcionar el país, lleven instituciones y compañías estadounidenses, privaticen los bienes, supervisen las elecciones. Desde ese punto de vista, Irak era un ensayo e, increíblemente, aún se esgrime como un prototipo, aunque se admite que está necesitado de ciertos ajustes. El artículo de John Lee Anderson titulado "Castro's Last Battle" (La última batalla de Castro), que publicó el New Yorker el 24 de julio -uno más en la larga lista de obituarios de Fidel Castro-- incluía esta interesante declaración del senador republicano por la Florida Mel Martínez: "Traté de aprender de Irak las cosas que los cubanos necesitarán. Por ejemplo, debe quedar en pie una estructura de gobierno."

En los días que siguieron al 31 de julio, más de ciento cuenta periodistas de varios países tuvieron que regresar desde el aeropuerto después de intentar ingresar a Cuba sin la visa periodística de rigor. Hay que señalar, sin embargo, que la exclusión de periodistas del territorio cubano no fue total. Los que ya se encontraban en La Habana siguieron informando desde allí. Ni tampoco fue una improvisación el rechazo a permitir una súbita invasión periodística. Se cumplieron procedimientos de seguridad bien definidos.

En vez de pronunciar un discurso, Raúl Castro movilizó a decenas de miles de soldados que se pusieron en pie de alerta después del 31 de julio. "No podemos ignorar el riesgo de que alguien se vuelva loco, o más loco todavía, en el gobierno de los Estados Unidos", dijo. En respuesta, Tom Casey, el vocero del Departamento de Estado, ninguneó a Raúl, quien ha ocupado puestos de la mayor responsabilidad en el gobierno cubano durante cuarenta y siete años llamándole "el hermanito de Fidel" y "Fidel-ito" (Fidel Lite)".

Los norteamericanos que visitan la isla a veces piensan que los funcionarios cubanos son paranoicos en lo que concierne a una intervención estadounidense. Sin embargo, esos paranoicos tienen realesenemigos, y el gobierno de los Estados Unidos está en manos de quienes otros republicanos solían llamar "los locos". Si usted fuera responsable de la seguridad cubana, se tomaría muy en serio los arsenales del Norte, incluidos los que se encuentran en manos privadas.

En Cuba nunca se ha producido un fisura de la seguridad como la del 11 de septiembre, y no por falta de enemigos. Washington sabe que Cuba está preparada. Se podría crear una conmoción e infundir el terror en La Habana desde el aire, pero Cuba nunca sería ocupada. La defensa de la isla está organizada cuadra por cuadra, a lo largo de sus setecientas millas, y el ejército cubano, a cuya cabeza se encuentra Raúl Castro, forma parte del tejido mismo de la sociedad. Buena parte de la población adulta ha recibido entrenamiento militar, y muchos de los defensores del país podrían recibir armamento en un corto plazo.

Pero el sistema de defensa cubano no sólo protege a Cuba de otros ejércitos y de grupos terroristas. Los cubanos son capaces de evacuar rápidamente a dos millones de personas con sus animales cuando se aproxima un huracán. La competencia cubana en lo relativo a la seguridad interna y su preparación para casos de desastre contrasta dolorosamente con la del Departamento de Seguridad Interna de los Estados Unidos, una masiva burocracia de última hora que reemplazó, después del 11 de septiembre, al usual funcionariado obligado a rendir cuentas de su gestión, y que demostró ser tan inútil como un billete de tres dólares cuando se puso a prueba en Nueva Orleáns.

El hombre que posó con la guitarra cuando Nueva Orleáns se ahogaba explicó por qué no sabía qué pasaba en Cuba después de la operación de Fidel Castro. "Cuba no es una sociedad muy transparente", dijo, "de modo que lo único que sé es lo que se ha especulado." En lo último, sin dudas, se quedaba corto.

La falta de transparencia es, en realidad, una de las razones que explican que sean pocas las personas en los Estados Unidos que sepan mucho de Cuba, pero a la falta de transparencia que me refiero aquí es a la opacidad impuesta por el régimen de Bush. Una medida de lo pésimo que ha sido George W. Bush es que la lamentable actuación de Bill Clinton con respecto a Cuba es capaz ahora de despertar cierta nostalgia. A partir del 2003 los Estados Unidos comenzaron a eliminar el intercambio cultural e intelectual entre los dos países, con lo cual dieron al traste con todo un conjunto de trabajos en curso que comenzaban a brindarnos un panorama notablemente detallado de Cuba. Los músicos de la isla habían sido visitas frecuentes de las ciudades norteamericanas, pero después del 2003 no se ha permitido la entrada de ningún grupo musical cubano. Hasta los cubano-norteamericanos -una comunidad cuya diversidad de opiniones es mayor de lo que usualmente se admite- sólo pueden visitar a sus parientes cercanos en Cuba, y eso una vez cada tres años. Marazul Charters, un importante proveedor de vuelos a Cuba, transportó el año pasado 7 000 viajeros a la isla, de 38 000 que había transportado en el 2003. La consecuencia de todo ello es que son pocas las personas en los Estados Unidos que cuentan con un conocimiento actualizado sobre Cuba. Eso es, sin dudas, una falta de transparencia, que se hizo muy evidente en las noticias publicadas en agosto.

Centenares de miles de ciudadanos estadounidenses experimentaron a Cuba de primera mano antes de fines del 2003, momento en el cual los Estados Unidos pusieron fin al llamado intercambio "de pueblo a pueblo", previo a lo cual los viajes por motivos educativos también eran más fáciles que hoy en día. Vieron muchas cosas. Los cubanos enfrentan graves problemas, y quieren algo mejor que lo que tienen. "No es fácil" es una frase que se oye repetir en Cuba como si fuera el estribillo de un son interminable. Los salarios no cubren todas las necesidades básicas, y es necesario recurrir a una economía informal que en buena medida es ilegal. Existen limitaciones claramente marcadas al discurso público permisible. No hay periódicos independientes. Los cubanos asumen que sus conversaciones telefónicas son monitoreadas. Por otro lado, la mortalidad infantil es baja, los enfermos reciben atención médica, las personas tienen buenas dentaduras y viven muchos años, nadie carece de techo, los niños asisten a la escuela, las calles no han sido tomadas por traficantes de drogas con fusiles AK-47, y cuando llega un huracán, los ancianos y los enfermos son trasladados a lugares seguros en vez de abandonarlos para que se ahoguen.

Todos ustedes están en libertad de no estar de acuerdo con cualquiera de las cosas que acabo de decir, pero, por favor, sólo si han estado en Cuba. El centro de mi planteamiento es lo siguiente: quienes no pueden ver cómo funcionan las cosas y formarse una opinión sobre la base de la experiencia personal, tienen que hacerlo a través de los medios. Quienes viven en Miami y hablan español pueden obtener su información de El Nuevo Herald. Dos de sus columnistas y un freelancer que escribía para él fueron despedidos el 7 de septiembre cuando el tocayo en lengua inglesa del periódico, el Miami Herald, publicó que, en lo que se ha convertido en una práctica ya familiar, los tres, junto a periodistas de otras publicaciones, habían recibido pagos de Radio/TV Martí. Esas entidades, que son financiadas con el dinero de los contribuyentes y cuyos programas son recibidos por pocos cubanos, son una ya antigua piñata de clientelismo en Miami. Al igual que a la Voz de las Américas, las supervisa la Broadcasting Board of Governors, cuyo presidente, Kenneth Tomlinson, conservó su cargo gracias a una votación realizada el 13 de septiembre, en la que los votantes se alinearon con sus partidos, después de que el inspector general del Departamento de Estado revelara que tenía un local de apuestas a las carreras de caballos en su oficina de Washington.

Los temas en los que Cuba se muestra insistente -sobre todo el caso de los Cinco y el de Luis Posada Carriles, los cuales tienen que ver con el terrorismo llevado a cabo contra Cuba desde los Estados Unidos-- son tratados como asuntos muy menores en la prensa estadounidense, la mayoría de cuyos lectores permanecen ajenos a ellos. La línea general de la información que aparece en los medios sobre la Cuba de la era del embargo ha consistido en reducir un país de once millones de habitantes al fácilmente demonizable Barbudo. Durante varias décadas hemos leído acerca de "la Cuba de Castro", en lo que constituye un sesgo periodístico que presenta al país como si fuera propiedad de su célebre jefe de estado. Forbes lo relaciona como uno de los hombres más ricos del mundo -probablemente la noticia aparecido en la prensa estadounidense que más lo ha ofendido- adjudicándole las riquezas de la isla.

Buena parte de lo que leemos parte de la misma premisa implícita: que la Revolución cubana es la fantasía de un anciano loco, y que cuando este ya no esté, se desmoronará al soplo del primer viento fuerte. Es hora ya de que analicemos esa premisa.

Las personas a quienes la prensa estadounidense llama expertos se sintieron sorprendidas al ver que el gobierno cubano hacía gala de considerable estabilidad en agosto. La palabra que algunos comentaristas están utilizando para describir el actual fenómeno es "institucionalización", como si Fidel y Raúl Castro, junto a muchos otros, no hubieran dedicado buena parte de sus esfuerzos durante las últimas cinco décadas a crear instituciones en Cuba y ubicarlas en el lugar que les corresponde.

A pesar de las dificultades impuestas por el embargo de los Estados Unidos, Cuba no está aislada. A partir del 2004 sus negocios en moneda convertible se llevan a cabo en euros en vez de dólares. La compañía canadiense Pevercan realiza labores de exploración en los recién descubiertos depósitos off shore de petróleo y gas en el Golfo de México. El 10 de septiembre, la compañía india ONCG Videsh firmó con la isla un acuerdo para la creación de una empresa mixta para la exploración petrolera, y hay otros negocios petroleros con compañías de Malasia, Noruega y España. Cuba exporta cobalto, y, con las terceras reservas mundiales de níquel en un momento en que el precio de ese producto se ha triplicado, ha creado una empresa mixta con China para la extracción del mineral. Resulta difícil imaginar que China, que ya es el tercer socio comercial de Cuba, no desempeñará un papel importante a medida que la economía china siga su expansión. Mientras tanto, los Estados Unidos siguen excluidos de Cuba merced a su propia política, que afecta a algunas regiones y sectores de la economía estadounidense más que a otros.

Especialmente aislada por el embargo contra Cuba está la costa del Golfo de los Estados Unidos. El comercio con La Habana fue una piedra angular de la economía de Nueva Orleáns desde la época colonial, y el puerto de Nueva Orleáns, un indicador clave de la viabilidad de la ciudad, fue muy afectado por la imposición del embargo comercial a Cuba por el presidente Kennedy hace cuarenta y cuatro años.

A pesar de la hostilidad de Washington, La Habana ha cultivado sus relaciones con algunos estados de los Estados Unidos, y en agosto firmó un contrato para la compra de productos agrícolas con la nación navajo. En marzo del 2005, menos de seis meses antes del paso del huracán Katrina, la gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco, encabezó una misión comercial de tres días a Cuba. A finales del gobierno de Clinton, el Congreso aprobó una medida que contó con apoyo de ambos partidos y que permitía las exportaciones de alimentos y productos agrícolas a Cuba, aunque sólo mediante pagos en efectivo, esto es, sin créditos. Los productos agrícolas estadounidenses pueden venderse y transportarse a Cuba mucho más baratos de lo que los cubanos tienen que pagar en otros sitios, de modo que se trata de un buen negocio tanto para Cuba como para los granjeros estadounidenses y los puertos que se encargan del trasiego de las mercancías. Aunque los bushistas han tratado de impedir que se hagan realidad esas exportaciones, en el momento de la visita de Blanco el puerto de Nueva Orleáns estaba trasegando el 56% de los embarques autorizados, lo que representaba casi $200 millones en mercancías al año, que es sólo una fracción de lo que podría venderse si no existiera el embargo. Blanco y tres senadores del estado asistieron a un almuerzo con Fidel Castro que se prolongó durante dos horas, y consiguieron un negocio de alimentos y fibras por valor de $ 15 millones para Luisiana con la agencia Alimport.

Eliminar el embargo contra Cuba ayudaría a estimular la afectada economía de la costa del Golfo. Pero a algunos elementos influyentes de la Florida, incluido el hermanito menor del presidente -podríamos llamarlo Bushito, inspirándonos en el nivel de discurso del Departamento de Estado- no les gusta la idea.

El gobierno de los Estados Unidos tiene en su nómina a un coordinador de la transición cubana, como si planificar el futuro de un país soberano fuera lo más natural del mundo. Su nombre es Caleb McCarry, y se encarga del funcionamiento de la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre, que es una "comisión con nivel ministerial" instituida por George W. Bush en el 2004. Olvídense de la transparencia: sólo se hizo público parte del informe que la comisión emitió en julio del 2006. El resto fue enviado directamente al presidente de los Estados Unidos como un anexo secreto.

¿Qué hay en el anexo secreto? Ciento cincuenta periodistas no han estado subiéndose a toda prisa a los aviones para averiguarlo. A los cubanos, quienes no estarían a la altura de su responsabilidad para con la seguridad del país si no asumieran lo peor, les gustaría mucho saberlo.

Quizás una pista del contenido del anexo secreto sea el anuncio realizado el 18 de agosto sobre la designación del veterano de inteligencia J. Patrick Maher, con treinta y dos años de experiencia, al nuevo cargo de alto nivel de "encargado de misión" para Cuba y Venezuela. Hay otros cinco encargados de misión que se encargan de la prevención del terrorismo, la prevención de la proliferación, la contrainteligencia y de los dos países aún no destruidos del Eje del Mal: Irán y Corea del Norte.

A continuación, el 13 de septiembre, el Miami Herald informó que a partir del 31 de julio los Estados Unidos habían "establecido sin mayor alharaca" cinco "grupos de trabajo interagencias para monitorear a Cuba y llevar a cabo la política de los Estados Unidos". Uno de los grupos se ocupa de la "comunicación estratégica" e "intenta garantizar que los cubanos entiendan las posiciones estadounidenses". Según el artículo, muchos miembros de esos grupos trabajan en una oficina del Departamento de Estado con aspecto de "puesto de mando en tiempo de guerra".

La enfermedad de Fidel Castro se declaró seis semanas antes de que tuviera que desempeñarse como anfitrión de la XIV Conferencia Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados, celebrada en La Habana, que comenzó nada menos que el 11 de septiembre. Las delegaciones, que incluían decenas de jefes de estado, llegaron a La Habana procedentes de los 118 países miembros (para que se tenga un idea, las Naciones Unidas cuentan con una membresía de 192 países). Los chinos conferenciaron con ministros latinoamericanos. Asistió a la cita una delegación norcoreana de alto nivel, al igual que el vicepresidente sunnita de Irak, Tariq Al-Hashimi. Pervez Musharraf (Pakistán) y Monmohan Singh (India) se reunieron para reiniciar el proceso de paz en Cachemira, detenido desde la explosión de bombas en Mumbai el 11 de julio. El gobierno estadounidense declinó la invitación a enviar un observador. Brian Williams, de la NBC, que cubría el evento desde la "Cuba de Castro", caracterizó sin ambages la reunión de dirigentes de la América Latina, Africa, el Medio Oriente y Asia como la de "algunos de los peores enemigos de los Estados Unidos en el planeta". El interés de la prensa se centró sobre todo en si Fidel Castro hablaría. No lo hizo, aunque se reunió individualmente con varios jefes de estado, incluidos los presidentes Mahmoud Ahmadinejad, de Irán, y Singh, de la India, quien conversó con él durante cuarenta minutos sobre una variedad de temas y después le declaró a la prensa de su país: "Sentí que estaba en presencia de uno de los hombres más grandes de nuestro tiempo".

Los cubanos han seguido oyendo la voz de Fidel mientras permanece alejado de sus funciones, mediante imágenes de archivo. Famoso por su resistencia, puede que se recupere y viva para enfrentar a un undécimo presidente de los Estados Unidos y quién sabe si hasta a un duodécimo. O puede que no. La ironía consiste en que no importa si Fidel Castro muere, porque ya ha alcanzado la inmortalidad. Puede que la historia lo absuelva o que no -depende de quién escriba la historia- pero no desaparecerá, como no desapareció el Che Guevara. Seguirá siendo un punto de referencia inevitable para los revolucionarios, incluidos lo que han participado en el realineamiento político sin precedentes que ha tenido lugar en la América Latina durante los últimos años, y un monstruo también indispensable para la derecha.

Mientras tanto, guarden los obituarios, porque Fidel Castro aún está vivo. Y también lo está el complicado fenómeno que ha tenido lugar en Cuba durante las últimas décadas, al que podemos referirnos sencillamente con el nombre de Revolución cubana

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