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Desde Bolivia:
Inti Peredo. Treinta y siete años después

Antonio Peredo Leigue

Apenas una pared y una puerta cochera. Es todo lo que queda de un viejo conventillo donde, el 9 de septiembre de 1969, Inti Peredo caía víctima de una sañuda persecución que incluía una recompensa por su captura.

Allí estábamos quienes, durante tantos y tantos años, lo recordábamos en la intimidad. Ahora, el tráfico de vehículos era desviado, mientras entonábamos el himno nacional, siguiendo los acordes de una banda uniformada. Detrás de una wiphala había una placa que descubriríamos al terminar el acto.

Treinta y siete años.

En las últimas filas veía los rostros candorosos de mis nietas, los perfiles de mis hijos que se movían tratando de estar en todas partes. Era un acto importante para ellos. Era un acto importante para mi compañera, para mí.

Tenía al lado mis amigos diplomáticos. Miraba de frente a los compañeros de tantos años, con los nervios en punta. Eran treinta y siete años que habían pasado lentos en el dolor y violentos en la acción.

La ronda de los dictadores sucediendo en el gobierno fue la constante de aquellos años ’60. Se prolongó mucho tiempo; parecía interminable. Cada uno fue peor que el anterior. Costó mucho salir de aquel círculo aterrador de galones. Aquel círculo de persecuciones, de cárceles, de torturas, de asesinatos. Un círculo que fue de robo y corrupción; de tiranía interna y obsecuencia externa.

En los primeros años ’80 aleteó la esperanza, pero muy pronto fue desbaratada por la impaciencia, los rencillas internas y el complot desde fuera.

No es posible decir que, la siguiente etapa, la del neoliberalismo, fue peor que la dictatorial. De hecho, se repitieron los manejos corruptos, el saqueo desvergonzado, el entreguismo, la sumisión y la represión. Había libertad para hablar pero, ¿quién habla, cuando recrudece el hambre?

Después de treinta y siete años, nos encontramos ante los últimos muros que están derribando. Los muros de esa casona que, una noche, albergó a mi hermano Inti. Ya no hay otra cosa que el muro exterior y la puerta cochera. En unas semanas más, comenzarán a construir un nuevo edificio. La placa descubierta este 9 de septiembre, se fijará en la fachada de la construcción que allí se levante.

Y ese recordatorio se hace cuando, estamos trabajando para destruir el modelo neoliberal, agrietado y desgastado que, en vez de albergarnos nos expulsó del país, que en lugar de abrigarnos nos expuso a la intemperie, que nos desprotegió, nos desabrigó, nos dispersó. Ese modelo, hizo más miserable nuestra vida.

Treinta y siete años.

¡Cómo ha pasado el tiempo! Quisiera comprimirlo, como hoy en día se hace con los textos para trasmitirnos en internet. Quisiera tenerlo así comprimido, y sentir que nada pasó en vano. Que todo fue razonable, orientado, intencionadamente realizado. Pero no es así. La irracionalidad se posesionó de Bolivia y del continente. Fueron los años de las dictaduras con muertos, desaparecidos, torturados, encarcelados. Luego la democracia de los oligarcas con explotación, enriquecimiento ilícito, desempleo y exilio económico.

Así se fueron estos treinta siete años.

Pero también se quedaron con la permanente juventud de Inti, muerto un 9 de septiembre de 1969, de Coco que murió un 26 de septiembre de 1967, del Comandante Che Guevara, a quien recordaremos en próximo 8 de octubre.

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