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Premisas para que la Convención Nacional Democrática resulte trascendete

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

El gran conflicto que vive México, sus causas profundas.

Con el fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, se consumó el fraude a la voluntad popular. La Convención Nacional Democrática, CND, que convoco López Obrador, se da, por otra parte, en un momento crítico en un país inmerso en un conflicto que viene de un cuarto de siglo atrás. Un grave conflicto que tiene diversos componentes de índole: social, económica y política. La causa esencial del conflicto que afecta a México ni es local ni es coyuntural; es la misma que sacude a casi toda América Latina: el hecho de que el país ha sido intervenido y saqueado por el capital financiero y corporativo internacional, en los últimos años más que nunca, fenómeno que se conoce como neoliberalismo y globalización.

Las políticas neoliberales que obedecen a los intereses del imperialismo y que, en el caso de México, fueron puestas en marcha en 1982, desde entonces han sido continuadas y profundizadas; como resultado, impidieron el desarrollo nacional con independencia y progreso del pueblo, que pudo haberse dado si el rumbo hubiera sido otro. Por la vía de las privatizaciones y el encadenamiento a intereses ajenos a los de la nación y el pueblo, atrofiaron el desarrollo de las fuerzas productivas nacionales y han desarticulado las bases para su ulterior desenvolvimiento; asimismo, han convertido a la economía de México en un mero apéndice de la estadounidense, subordinándola en sus aspectos vitales.

Tal es la causa de la crisis económica, que es, por eso, de incapacidad para producir lo necesario para satisfacer las necesidades de todo orden del pueblo de México en el presente y en el porvenir y, al mismo tiempo, es parte de la general, que sume al régimen capitalista mundial en los estertores de su crisis terminal; esta situación crítica, por supuesto que golpea con mayor dureza a las economías dependientes, como la nuestra. Como resultado de lo apuntado, se ha desatado una pobreza que flagela a la gran mayoría de los mexicanos: 86% carecen de los satisfactores mínimos de supervivencia que conforman la llamada canasta básica; el hambre, la desnutrición y la insalubridad proliferan en las ciudades y sobre todo en el campo; millones de compatriotas han huido, literalmente, en los últimos años, hacia Estados Unidos, en su calidad de metrópoli imperialista, buscando allá una fuente de empleo para subsistir porque aquí ya no la encuentran, aunque con ello expongan su vida y empeñen su dignidad. Las diferencias entre los pocos que poseen lo superfluo en acumulación grotesca y las masas que carecen de lo estricto, se vuelven abismales.

La vida democrática, que antes del neoliberalismo era del todo insuficiente, lejos de avanzar, fue destruida con el pretexto paradójico de “transitar a la democracia”, aunque bien se cuidaron de aclarar que la que proponían -e implantaron-, era y es sólo una caricatura de tal “democracia”, como lo probó la elección del año 2000 que llevó a Fox a la presidencia como resultado de un proceso mercadotécnica y mediáticamente manipulado, y de un desmedido derroche de recursos aportados por empresarios y llegados del extranjero, para lo que sirvió de “fachada” aquél aparato de triste memoria que se llamó “Amigos de Fox”. Y como acaba de quedar muy claro otra vez este año.

Fox, ¿traidor a la democracia?

Por eso, decir que Vicente Fox es un “traidor a la democracia” –es indispensable aclararlo-, suena atractivo y hasta lo puede celebrar y repetir el pueblo, a coro, puesto que es una forma más de condenar a un farsante que no merece sino el desprecio de clase de los trabajadores. Pero en un sentido estricto no es verdad, porque el hecho es que Fox jamás ha sido partidario de la democracia ni ha luchado por ella; tampoco llegó a la presidencia como resultado de un ejercicio de ese carácter. Tampoco Manuel Clouthier tuvo nada que ver con la lucha por la democracia, ni han tenido que ver otros personajes del PAN, partido de la derecha, históricamente elitista, siempre dispuesto a cualquier maniobra, la que sea, con el fin de impedir todo avance del pueblo trabajador hacia su liberación y a que tome en sus propias manos las riendas de la vida pública, que eso y no otra cosa es la verdadera democracia. Por eso es oportuno advertir que si se trata de actuar con congruencia y conforme a principios, no se vale andar por ahí rindiendo homenajes y reconocimientos como “demócratas” a elementos así; no lo justifica ni siquiera la intención de promover y agudizar contradicciones internas del panismo; a fin de cuentas, aun si se hace con ese interés, no pasaría de ser una actitud oportunista, que en el campo democrático, que debe estar guiado por la ética, no debemos permitirnos.

El movimiento de masas contra el neoliberalismo y el imperialismo.

Por las causas profundas ya señaladas, para resistir a la invasión imperialista y a la creciente dependencia, antidemocracia y miseria que se nos impone, fue surgiendo y se fue fortaleciendo un amplio movimiento de masas contra el imperialismo y sus políticas neoliberales. Éste movimiento de masas constituye el embrión del sujeto revolucionario para la liberación de México con respecto del imperialismo y para la transición hacia una sociedad superior, en la que impere la más amplia democracia y los frutos del trabajo social se distribuyan con equidad, tomando la sociedad “de cada quien según su capacidad” y otorgando a cada cual, “según su trabajo”. Fue el Frente Nacional de Resistencia contra la Privatización de la Industria Eléctrica, en primer término; luego otras varias expresiones, como la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo; el Frente Sindical Mexicano; el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra; el Frente Sindical, Campesino, Social y Popular; el Diálogo Nacional por un Nuevo Proyecto de Nación; el movimiento que han llevado a cabo los trabajadores del Sindicato de Mineros y Metalúrgicos; el de la “Otra campaña”; el que vienen librando de años atrás los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, y recientemente el muy vigoroso de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca. Numerosas expresiones de lucha popular, de movilización combativa, algunos con conexiones internas, otros no, pero todos con un denominador común, haber sido desatados por las políticas neoliberales que diseñó e impuso el imperialismo; todos son, por tanto, en su raíz, movimientos antiimperialistas; lo importante es que lo sean cada vez más conscientemente, que definan mejor sus objetivos, que identifiquen a este enemigo común.

El fraude electoral como un nuevo elemento del conflicto.

A las causas de fondo de la crisis que golpea al pueblo trabajador, ya señaladas, y al gran conflicto que vive México, se vino a sumar otro elemento, no desdeñable en lo absoluto, a pesar de su carácter coyuntural: el fraude que perpetraron el gobierno de Fox y su partido, el PAN, en el proceso electoral. Se trata de un factor que pone muy a la vista las perversiones del sistema falsamente “democrático” que implantaron los neoliberales y que agrega a las contradicciones ya existentes, otra más, ahora dentro del sistema de partidos vigente. Un elemento que posibilita la convergencia del movimiento de masas que se ha venido construyendo, contra el neoliberalismo y contra el imperialismo, con un movimiento que fue electoral en su origen y que, luego del fraude, poco a poco empieza a levantar demandas de cierta importancia desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora y de la nación, frente al imperialismo, y a ir dejando de lado los planteamientos que contemporizan con la macroeconomía neoliberal y con los intereses del imperialismo, que dieron a la candidatura de López Obrador un carácter apenas distinguible en cuestiones de segundo orden, con respecto de las que postularon otros partidos de la burguesía.

Frente a la candidatura de AMLO, el PPS de México no la combatió, pero tampoco la apoyó. No podía hacerlo, porque no había materia de sustento en su plataforma programática ni en sus discursos. Porque se quedaba del lado del neoliberalismo, si bien ofrecía “limar sus aristas” más filosas, lo cual es absolutamente insuficiente frente a las necesidades y demandas del pueblo trabajador y de la nación mexicana, cuya soberanía es lacerada y conculcada por el imperialismo. Si bien no había motivo de enfrentar y condenar esa candidatura, tampoco lo había para brindarle respaldo ni plantearla a la clase obrera y al pueblo, como una perspectiva de solución.

El fraude, en cambio, fue condenado de manera enérgica por el PPS de México, que llamó a movilizarse en la lucha para denunciarlo y combatirlo, porque violentó la voluntad del pueblo con el fin de imponer al peor de los candidatos, al más entreguista frente al imperialismo, al más patronal, al más enemigo de clase de los trabajadores, al más opuesto a la lucha de los pueblos hermanos de América Latina por su emancipación, al más represivo.

La CND y las transformaciones profundas que el país necesita.

Y finalmente, el llamado de López Obrador a celebrar la CND, entendida como un “diálogo democrático por la libertad, la justicia y la democracia, entre las diversas expresiones sociales, políticas y culturales de la nación”, con el fin, entre otros, de “combatir la pobreza y la monstruosa desigualdad imperante; defender el patrimonio de la Nación; impedir la enajenación de los bienes nacionales y la privatización del petróleo, la electricidad, la educación pública, la seguridad social y los recursos naturales; hacer valer la democracia y los derechos ciudadanos; defender el derecho público a la información; acabar con la corrupción y la impunidad de los poderosos; y renovar a fondo todas las instituciones civiles para ponerlas al servicio del pueblo y sujetarlas genuinamente a los principios constitucionales”, el Partido Popular Socialista de México lo ha ponderado como un significativo paso adelante por parte de AMLO que, de esta manera, puede convertirse en un aliado de gran importancia del gran movimiento de masas contra el imperialismo. Por eso, el PPS de México, en una carta que dirigió a López Obrador, declaró de inmediato su interés por participar en ese evento y contribuir en la medida de sus posibilidades a que fructifique de manera plena.

La superación de la crisis exige el desmantelamiento de las políticas neoliberales. Precisa enrumbar al país por las vías de la construcción de una economía nacional sana y ajena a cualquier subordinación externa; evitar toda contemporización con el capital financiero y corporativo internacional; romper con los cánones del “libre” mercado internacional, que no existe sino como un sofisma inventado por las fuerzas que hoy en día monopolizan tal mercado con una férrea dictadura. Requiere denunciar la macroeconomía que está en curso; dejar de pensar que su ámbito es ajeno al de la lucha política y social de los trabajadores y de la nación, porque no le es, en lo absoluto. Todo esto es lo que debe estar en el centro del programa que enarbole la CND, convocada por López Obrador, para que ésta resulte trascendente y salga de los estrechos márgenes de una lucha al interior del sistema de partidos burgueses que hoy existe. He ahí la tarea de las fuerzas avanzadas, contribuir a darle a la CND ese contenido.

Premisas para que la CND resulte trascendente.

Ahora, igual que durante el proceso electoral, un aspecto fundamental radica en evitar que predomine una visión ilusoria o superficial del conflicto y sus causas, porque sería nefasta ya que desmovilizaría a la clase trabajadora y al pueblo, y lo distraería de su lucha fundamental contra las cuestiones de fondo: las privatizaciones, las “reformas estructurales”, el neoliberalismo y el imperialismo.

La CND bien puede constituir un formidable aporte para la superación de la crisis y la solución de los problemas que flagelan al pueblo, para la construcción del sujeto revolucionario de esta etapa de la vida de México, hacia la liberación nacional con respecto del imperialismo. Las premisas para que la CND, contribuya a tal fin, son las misma que para otras expresiones del frente de masas: a) que contribuya a sumar al mayor número posible de fuerzas en torno a un objetivo claro y concreto: el de la lucha contra el neoliberalismo y el imperialismo; b) fuera de ese tema central, en el seno de la CND se deben respetar las diferencias de todo tipo entre las fuerzas concurrentes; c) que nadie trate de imponer una sola línea o visión general a todos, al margen de las cuestiones unitarias ya señaladas; d) que no se quiera sustituir al frente amplio y plural por un aparato rígido de tipo sectario; que se avance, en cambio, en cuanto a la articulación más ágil y eficaz entre todos los componentes; e) que se avance igualmente en cuanto a la capacidad del conjunto, de desplegar una intensa batalla de ideas; f) que se contribuya a acrecentar la capacidad de movilización combativa de las masas, y g) que se avance hacia la integración de una coordinación colectiva, en la que estén representadas todas las corrientes y fuerzas que confluyen en la CND y le dan vida, independientemente de que unas aportan más en lo cuantitativo y otras en lo cualitativo.

Si cumple con esas premisas, la CND podrá ser el crisol de una amplia alianza o frente de mayor magnitud y vigor que los que ya existen, algunos desde hace varios años y otros de unos meses acá, sin que necesariamente los ya vigentes tengan que desaparecer

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