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Apuntes hacia un balance clasista
de la Convención Nacional Democrática

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo / Unidad

Como estaba previsto, arrancó la Convención Nacional Democrática, CND, el 16 de septiembre. Fue una jornada de luces y sombras, no podía ser de otra manera. Sus resultados, vistos desde la óptica de la izquierda clasista y revolucionaria, son positivos sin embargo.

Al hacer el balance de un evento tan lleno de versiones encontradas provenientes de las distintas fuerzas y tendencias que se involucraron en el proceso previo, vale la pena detenerse en algunas reflexiones. Una primera sería, ¿por qué, el PPS de México, que no apoyó la candidatura de López Obrador ni llamó a votar por él, ahora decidió aceptar la convocatoria y participar en la convención? La segunda, ¿por qué el movimiento de masas contra el imperialismo tampoco hizo campaña como tal por López Obrador, y en vez de eso dejó en libertad a los participantes de fijar cada quien su propia conducta al respecto? Y la tercera, ¿qué posición adoptó el capital financiero internacional frente a la candidatura de AMLO, y cuál es ahora, frente a su llamado a la resistencia?

¿QUÉ CAMBIÓ DEL 2 DE JULIO A ESTA PARTE?

El Partido Popular Socialista de México hizo pública de manera reiterada su decisión de no apoyar la candidatura de AMLO por dos razones esenciales: la primera, porque fue un candidato de “centroizquierda”, cuidadoso de contar con la aprobación del poder económico que, en nuestro caso de país profundamente neocolonizado por el capital financiero y corporativo internacional a lo largo de un cuarto de siglo de políticas neoliberales, lo ejerce ese mismo capital internacional, es decir, el imperialismo. Su plataforma de campaña, a pesar de lo que decían sus partidarios encendidos, en todo momento fue consecuente con los intereses del imperialismo, y sus aspectos diferentes de los otros candidatos, más a la derecha, se limitaron a la idea de “limar las aristas más filosas del neoliberalismo”, por la vía de impulsar políticas públicas que aliviaran levemente los males de los sectores más vulnerables de la población.

Por eso, el PPS de México no lo apoyó ni llamó a votar por él; no podía hacerlo en tanto que dicho candidato no asumía una actitud consecuente frente al principal problema de la clase trabajadora, del pueblo y de la nación, la creciente dependencia de México respecto del imperialismo. La otra razón consiste en que de haber apoyado esa candidatura se hubiera puesto en riesgo la existencia, independencia y combatividad del movimiento de masas contra el imperialismo.

Dicho movimiento, sobre todo su expresión más acabada, que lo es el Diálogo Nacional por un Nuevo Proyecto de Nación, que congrega a más de 300 organizaciones políticas y sociales, no se involucró como tal en la campaña. Hubo voces que insistieron en que apoyara de manera incondicional y absoluta a AMLO, con fines oportunistas; hubo otras que repudiaron a los oportunistas y llamaron a la ruptura del frente con el fin de separar a las “fuerzas sanas”. Imperó la lógica unitaria, por fortuna. El frente se mantuvo unido en torno a la lucha contra el imperialismo y sus políticas concretas, las privatizaciones, las “reformas estructurales” de carácter clasista para expropiar a la clase trabajadora sus derechos en beneficio de los explotadores; se dejó en libertad a cada uno de los integrantes del frente de actuar como creyera conveniente en el ámbito electoral. Así se preservó este poderoso instrumento al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, que de otra manera se hubiera mixtificado o destruido. La posición del PPS de México influyó, así sea de manera modesta, en este resultado.

El capital financiero y corporativo internacional, por su parte –hay que recordarlo-, dejó constancia de su simpatía por AMLO de manera pública en momentos diversos a través de las páginas de periódicos como el Washington Post, el New York Times y The Economist. No que fuera su candidato único, sino que lo veía como un buen prospecto en un panorama en el que cualquiera de los tres, a fin de cuentas, le satisfacía. Además, su candidatura también fue vista con buenos ojos por varios de los principales capitalistas locales, asociados al capital internacional, empezando por el más poderoso de México y América Latina y tercero del mundo, Carlos Slim.

Sin embargo, el capital financiero y corporativo internacional esperaba que al concluir el proceso electoral, los candidatos formalmente derrotados aceptaran los resultados, esperaran nuevo turno dentro de seis años y se expresaran de manera elogiosa de la “democracia” mexicana que impusieron como uno de los frutos más acabados de la globalización neoliberal; así lo exigen las reglas del juego de esa falsa democracia que, en verdad, fue diseñada para burlar de manera sistemática la voluntad del pueblo. Al sistema capitalista mundial le es indispensable, hoy en día, la “estabilidad de los mercados”, y ésta no se garantiza si no hay a su vez estabilidad política y social, es decir, “gobernabilidad”. Ya se ha visto que una “crisis de los mercados” en México trae consecuencias devastadoras de carácter generalizado a un sistema capitalista mundial tan estrechamente interconectado y tan endeble como el actual, según quedó demostrado con aquél fenómeno al que se denominó “efecto tequila”.

EL CAPITAL FINANCIERO INTERNACIONAL, SLIM, AMLO Y LA RESISTENCIA CIVIL

El hecho escandaloso e inadmisible para el capital financiero internacional es que uno de los candidatos más votados, AMLO -a quien las cifras oficiales empatan virtualmente con el ganador-, rechace los resultados, descalifique el proceso y las instituciones y convoque a la resistencia civil a sus quince millones de votantes. Este hecho cambió radicalmente la visión del imperialismo con respecto de López Obrador. Luego del inicio del “plantón” en el Zócalo y las principales avenidas de la capital, no ha vuelto a aparecer una sola nota que le sea favorable en el New York Times, el Washington Post ni The Economist, y sí críticas severas. También Slim se ha deslindado y ha expresado su condena a una “izquierda que se vuelve radical”.

Este es el hecho principal, de entre varios significativos, que ocurrió luego del dos de julio. El capital financiero y corporativo internacional perdió a un elemento que hasta entonces consideró su aliado y que pasó a “jugarle las contras”, a promover la movilización de las masas, cuestión que el sistema capitalista mundial en modo alguno puede aceptar. Con el agravante de que AMLO tiene una extraordinaria capacidad de convocatoria. En las semanas siguientes a la elección, ya reunía multitudes de uno y dos millones de seguidores en la plaza pública, indignados por el resultado de la elección, que defraudó sus expectativas y empezó a abrirles los ojos sobre el carácter fraudulento no sólo de la elección presidencial en 2006, como lo ven algunos, sino de todo el sistema electoral, de todo el sistema político.

El nuevo escenario se debatió en el movimiento de masas que viene luchando contra el imperialismo desde hace ya varios años. Lo abordó la Promotora por la Unidad Nacional contra el Neoliberalismo y también el Diálogo Nacional por un Nuevo Proyecto de Nación, en el que confluimos más de 300 organizaciones políticas y sociales y que constituye por hoy la expresión más redondeada de dicho frente de masas. En ambos, el PPS de México fijó su posición como partido y también a través de sus militantes que actúan en organizaciones sociales. No era llegado el momento de unirse todos incondicionalmente detrás de López Obrador, como planteaba la corriente oportunista de dentro del frente de masas, ni de convertirlo en líder supremo y máxima autoridad unipersonal; pero tampoco, de combatir a ese personaje y a sus seguidores, como planteaban los sectarios. Era el momento, eso sí, de valorar los cambios que se daban en su justa dimensión y obrar en consecuencia con miras a fortalecer al movimiento de masas que lucha por la liberación de México con respecto del imperialismo. Hubo varias fuerzas que coincidimos, una vez más, en esa línea revolucionaria, destacadamente el Sindicato Mexicano de Electricistas. Las resoluciones de las asambleas del Diálogo Nacional del 12 de agosto y del 9 y 10 de septiembre son muy positivas.

CON LA CONVENCIÓN DEMOCRÁTICA SE INICIA LA CONFLUENCIA DEL MOVIMIENTO DE RESISTENCIA CIVIL POR EL FRAUDE ELECTORAL CON EL MOVIMIENTO DE MASAS CONTRA EL NEOLIBERALISMO Y EL IMPERIALISMO

Esto es lo verdaderamente significativo de la Convención Nacional Democrática del 16 de septiembre. Hay muchas otras consideraciones que pueden hacerse, diversos enfoques para analizar el evento. Pero el hecho de que en ella se inició la confluencia de estos dos movimientos, el de resistencia civil contra el fraude electoral, con su gigantesca capacidad de convocatoria, y el de lucha contra el imperialismo y sus políticas neoliberales, es lo relevante, desde el punto de vista clasista y revolucionario. La intervención en el seno de la CND, como uno de los oradores principales, del compañero Martín Esparza Flores, Secretario General del Sindicato Mexicano de Electricistas, marcó el momento culminante de esta convergencia de dos movimientos en el que uno aporta sobre todo en términos de cantidad y otro en calidad.

La combinación de ambos afluentes crea excelentes condiciones de las que puede surgir un movimiento de mayor dimensión que nunca y dotado de un programa bien definido, el denominado Programa Mínimo no Negociable, que aporta el Diálogo Nacional, que de esta manera deje atrás la fase de lucha interburguesa e intrascendente que fue la campaña electoral y que podría seguir siendo el movimiento contra el fraude, si no se estuviera dando la nueva confluencia. En efecto, los cinco puntos programáticos que López Obrador incorporó en su proyecto de resolución y que fueron aprobados por la CND ya son mucho más avanzados que cualquiera de sus pronunciamientos como candidato, sobre todo el punto número dos, que tiene que ver precisamente con la defensa de la independencia y la soberanía nacional. ¿Podrá el excandidato presidencial, hoy proclamado de manera simbólica Presidente legítimo de México, evolucionar de manera progresiva y convertirse, él mismo, en un luchador contra el imperialismo y por la liberación nacional? Puede ser. Sin embargo, eso no es lo principal que se deba buscar ni que se pueda esperar del movimiento, sino que éste se desarrolle por sí mismo, que desenvuelva todas sus potencialidades y avance hasta convertirse en el sujeto revolucionario para que nuestro país alcance su segunda y definitiva independencia y nuestra sociedad siente las bases para su transformación profunda en una sociedad sin explotadores ni explotados, una sociedad socialista y comunista. La lucha sigue.

Ciudad de México, 24 de septiembre de 2006.

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