La consulta en Jalisco, un esfuerzo democrático
JAIME HERNÁNDEZ ORTIZ | La Jornada Jalisco | 250808
La consulta nacional ciudadana sobre la reforma energética que concluyó el día de ayer, tendrá efectos positivos para todo el país y particularmente en la entidad. Independientemente de la cantidad de asistentes, fue un logro y un éxito ciudadano.
De este proceso se desprenderán en su momento otras acciones para determinar la búsqueda de nuevos canales de participación para todos los asuntos de la vida pública.
Desde hace siglos esta región ha estado guanajuatizada, pero gracias a los lentos, aunque constantes avances de la sociedad civil para desmontar estructuras autoritarias, se ha ido desguanajuatizando poco a poco. No son pocos los funcionarios que todavía desean que se les pida permiso para protestar, para manifestarse en las calles, para que una queja se haga de tal o cual modo, para que se haga sólo “lo que está permitido”, no lo que no está prohibido. Por eso criminalizan la protesta pública.
Hoy existen cada vez más expresiones civiles, periodistas más independientes, sobre todo críticos al sistema, expresiones culturales alternativas y una presencia de movimientos ciudadanos de diversa naturaleza. Al tiempo que organizaciones corporativas de corte conservador tienen que recibir, paradójicamente, recursos del gobierno para poder sobrevivir y actuar. ¿Qué mérito representa que una asociación civil administre y “altruistamente” reparta dinero público? Recordemos que Emilio González Márquez acaba de entregar más de 60 millones de pesos a esas agrupaciones de ese tipo.
Lecciones democráticas
La primera lección que aprendemos de la consulta es que, más allá de los procesos electorales, de elegir sobre una persona o un partido, decenas de miles de personas han salido a la calle para tomar una sencilla decisión, para emitir una opinión, por un sí o un no, de un tema de vital trascendencia pública; pero decisión que, al fin y al cabo, afecta cuestiones básicas de la más elemental concepción de la democracia.
Una consulta sirve para conocer el punto de vista, las inquietudes y las principales preocupaciones de la gente ante un desafío o problema inminente. Por ello las consultas deben ser estimuladas, no entorpecidas. Por desgracia en nuestro país, fuera de esta consulta ciudadana impulsada por Andrés Manuel López Obrador, el gobierno del Distrito Federal y el Frente Amplio Progresista, las consultas todavía son letra muerta.
En países considerados democráticos y modernos, las consultas son normales y cotidianas, y en no pocas ocasiones los resultados son vinculantes. Por ello, decidir sobre un aspecto fundamental y trascendente de la vida pública, como es el asunto de la reforma energética, fue un paso de fundamental importancia.
La segunda lección es que la sociedad jalisciense está preparada para ejercicios similares. Ya no espera que las autoridades la organicen. Pero aún así, un verdadero gobierno democrático se abre respetando que todo ciudadano sea libre de preguntar y deliberar públicamente, en igualdad de circunstancias.
En un estado de derecho –que no lo vivimos, por cierto– las consultas ciudadanas pueden asumir las más diversas formas: referéndum, plebiscito, consultas vecinales, audiencias públicas, cabildos abiertos, asambleas públicas, juicios populares, ponencias colectivas, conferencias de tema abierto y acceso libre, etcétera.
Una consulta es un instrumento para conocer el estado de la opinión pública sobre cuestiones que pueden interesar tanto al gobierno como a la oposición, a ciertos sectores de la sociedad o determinadas minorías. Es una herramienta para conocer incluso el grado de nuestras divisiones y posturas que, quizás, una vez formalizadas, ofrecen mayores canales de entendimiento. Por eso hoy la sociedad está polarizada y enfrentada en medio de una inmensa inseguridad.
La tercera lección es un reconocer que la consulta ciudadana constituye una experiencia inédita, enriquecedora y fruto de la lucha ciudadana por democratizar el poder público.
Toda democracia es proceso práctico, cotidiano, visible, que conjuga en un plano de convivencia pacífica todos los modos de sentir, pensar y comportarse en la complicada tarea de combinar libertad y responsabilidad ante los demás. En una democracia, siempre el pueblo es soberano y siempre es el que debe decidir sobre los asuntos trascendentales o no es democracia. Ahí las autoridades se someten al mandato del pueblo.
Por el contrario, en una sociedad autoritaria, desigual e injusta, por lo regular el gobierno busca evitar cualquier consulta y trata de imponer y tomar decisiones a través de medios fraudulentos.
La cuarta lección de la consulta es su contribución en la formación ciudadana. Una sociedad democrática lo es en la medida que los individuos ya no son objeto de las decisiones de las autoridades, sino que son sujetos que toman sus propias decisiones. Asumiendo que toma una decisión libre y autónoma la persona tiene mayor autoridad moral para exigir ante cualquier instancia de gobierno y de poder, que su opinión debe ser respetada y tomada en cuenta.
El individuo ejerce el derecho a participar responsablemente en los procesos de toma de decisiones, así como en la definición y ejecución de las políticas públicas. Por eso la calidad democrática de un régimen está en relación directa con el grado de participación que tiene la comunidad en definir sus propios problemas.
Como observamos, en este ejercicio de la consulta nacional el logro ha sido de la ciudadanía; el fracaso, de los gobiernos federal y estatal.
Paro cívico nacional
Este 31 de agosto, a las 10 de la mañana, en Plaza de Armas, asamblea informativa sobre las acciones a seguir para evitar la privatización del petróleo.
Este próximo primero de septiembre, movilización ciudadana en el marco de los acuerdos del Diálogo Nacional. Habrá que coordinarse personalmente con las diversas organizaciones que participarán.