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Diego, el Club Bilderberg, Torre Cantú y las Alianzas

Fausto Fernández Ponte

Saludos, caro Leyente:  el tema de portada de La Verdad –la desaparición de Diego Fernández de Cevallos, ocurrida hace dos meses--  fue seleccionado por los editores en nuestra Mesa de Redacción bajo las premisas siguientes, a saber:

Una, que la suerte misma de Diego –permanece secuestreado o está perecido— es un epítome de la absurda realidad política y social y económica que tiene atrapada en sus garras a México y sus habitantes, y de la cultura del poder en descomposición.

Otra,  que su desaparición parece haber transitado a un ámbito secundario en las prioridades del poder político del Estado mexicano, dominado, en lo ejecutivo, por  sus compañeros de partido politico, Acción Nacional.

Y una más, que ese aparente desinterés del panista más distinguido –el Presidente de Facto Felipe Calderón— mueve a especulaciones alimentadas, a su vez, por suspicacias que --escribe José Cuevas--  tendrían que ver con la perpetración de la abducción.

Otra premisa adicional, que la desaparición del prominente político panista y litigante de nota, promotor y defensor acérrimo del statu quo,  refleja la naturaleza misma  de lo que está ocurriendo en el país y del monstruoso conejillo de Indias que es México.

¿Conejillo de Indias? Por supuesto. Ello es verismo para ciertos mexicanos con acceso a información privilegiada acerca de los designios del poder real, oscuro y siniestro, que se representa en la actuacionesobrepticia  de un grupo secreto llamado Club Bilderberg.

El Club Bilderberg –se han publicado incluso libros acerca de ésta organización de poder fáctico— ha dispuesto desde hace años que México sea un laboratorio de lo que en esos cenáculos se pretende para el mundo.

El experimento es aun ocurrente, sin resultados exitosos en lo social, aunque para los miembros del Club Bilderberg sea promisorio en función de sus vastos intereses de poder. El experimento es el modelo económico que aquí denominamos neoliberalismo.

Pero ese modelo, establecido en México con el concurso activo y entusiasta de Carlos Salinas –quien persuadió en 1982 a su entonces jefe, el Presidente Miguel de la Madrid, a implantarlo aquí— ha llevado a México a una aberrante y monstruosa debacle.

En éste laboratorio –México--, el experimento está saliendo terriblemente mal. Cualquier teoría de las conspiraciones confirmaría que este perverso designio del Club Bilderberg está resultando abominable. Se salió de control, diríase coloquialmente.

Véase, si no: Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI a la gubernatursa de Tamaulipas, fue asesinado y el gobierrno federal, prontamente, se lo atribuye al “narco”, cuando en realidad existen indicios objetivamente discernidos de otra autoría.

¿Quién mató a Torre Cantú? Se ignora la identidad de los perpetradores, pero se conocen los motivos de éstos:  un grupo de poder político-empresarial tamaulipeco en pugna por intereses con otro grupo de poder político –éste, del sur del estado--.

Los tamaulipecos lo intuyen, si no es que lo saben bien. Por eso el 61.3 por ciento del total de ciudadanos empadronados se abstuvo de votar. Sabe los motivos por los cuales  Egidio, hermano del asesinado y empresario de obra pública, fue designado candidato.

El PRI –como el PAN y el PRD— trata de recobrar el poder presidencial por el poder mismo y lo que éste representa: grandes negocios y saqueo al erario, fabuloso botín e mpunidad.  Por eso las alianzas entre las vieja derecha y la nueva izquierda.

¿Servir al pueblo? No. Triscar el botín y gozar de fuero. Los aliancistas en Oaxaca, Puebla y Sinaloa concitaron anhelos anti-priístas –es decir, contra el autoritarismo y la corrupción cleptomanía— del electorado.  Éste, se ve vcenir, será defraudado otra vez.

El abstencionismo prevaleció. En Aguascalientes, Durango, Oaxaca, Sinaloa, Veracruz y Zacatecas votó un poco más de la mitad del total de empadronados; en las demás, menos de la mitad.

Los resultados en Oaxaca, Puebla y Sinaloa confirman el pragmatismo –la conveniencia crematística— de las alianzas entre la  vieja, rancia derecha y la nueva izquierda, ambas hediondas. Se buscó el poder por motivos que no son los correctos.

¿Y cuáles son esos motivos correctos? Servir al pueblo, promoviendo un cambio cualitativo en las estructuras económicas y políticas para lograr el bienestar de todos, erradicando la desigualdad –la pobreza-- y la injusticia.  Las alianzas no persiguen eso.

De hecho, ninguno de los candidatos aliancistas propuso modificar de fondo el statu quo.  Es más, ninguno de ellos reconoció que vivimos en una crisis sin precedente en México causada por el quehacer insoslayable de las mafias del poder.

Si las alianzas son entre partidos políticos que son parte de las mafias del poder plutócrata, cleptómano y oligárquico, sus candidatos, ya elegidos gobernadores,  no van a modificar esa situación; lo opuesto, la reforzarán.

Las alianzas, pues,  volverán en 2011 –en el Estado de México— y en 2012, en la sucesión presidencial, para impedir que el PRI llegue a Los Pinos no porque los aliancistas tengan mejores propuestas, sino por meterle mano al botín impunemente.

Y hasta la semana próxima, Leyente.

 
atenco