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Jorge Humberto Arellano
(Dedicato a I. Martínez, il nuovo Sidereus Nuncius).
En Torun, ciudad de Polonia, nace Mikolaj koppernigk Wakzenrode el 14 de febrero de 1473, mejor conocido como Nicolás Copérnico. En su obra “De revolutionibus orbium coelestium” (De las revoluciones de las esferas celestes), tras 25 años de observaciones del cielo y el movimiento de los cuerpos celestes, desecha la teoría geocéntrica ptolemaica y propone que el sol es el centro del sistema solar (teoría heliocéntrica). Aunque culmina su obra en el año de 1532, ésta no es publicada sino hasta el año de 1543, póstumamente, evadiendo la persecución y el juicio de la Iglesia Católica y su Santa Inquisición.
Filippo Bruno, mejor conocido como Giordano Bruno, es condenado a morir en la hoguera el 17 de febrero del año 1600, acusado por la Iglesia de practicar la herejía y sostener que el centro del sistema planetario es el sol. El 22 de junio del año de 1633, se produce el primer “arraigo domiciliario” documentado por la historia de la ciencia, en contra del creador del método científico: Galileo Galilei, uno de los gigantes cuyos hombros sirvieron de apoyo a Isaac Newton, por comprobar y sostener las mismas ideas de sus dos antecesores. Fue sometido a juicio por sus opiniones heréticas, y completamente ciego e incapaz de valerse por sí mismo cumplió su condena, muriendo la noche del 8 de enero de 1642, sosteniendo con convicción su frase “…y sin embargo se mueve” hasta su último suspiro. En 1992, el papa Juan Pablo II rectificó las resoluciones de aquel juicio y absolvió a Galileo, dejando en claro que las decisiones históricas de las autoridades eclesiásticas son abrogables únicamente por niveles jerárquicos congruentes, en cualquier momento, y que después de todo Dios no es responsable del actuar errático y las pasiones de sus representantes terrenales. La porción católica de la humanidad debe acatar las decisiones basadas en iluminaciones celestiales, independientemente del estancamiento que produzcan en el avance científico y social. El oscurantismo es la oposición al progreso y al cuestionamiento de dogmas preestablecidos. En la edad media y aun en los inicios del Renacimiento, por contradecir los designios divinos, se negaban los derechos cívico-civiles y se exponía al libre pensador a la persecución y a la condena, que generalmente consistía en tormentos que desencadenaban la muerte del infractor de las ideas dogmáticas. Parece increíble que con el avance tecnológico actual el oscurantismo siga siendo una de las principales formas de control social utilizadas por los gobiernos seculares, ya no clericales, que dirigen sus esfuerzos a la obtención o el mantenimiento del poder total en función del sacrificio de una sociedad que aspira a un desarrollo óptimo basado en la satisfacción de sus necesidades más primordiales. Se promueve el oscurantismo mediante la propuesta de modelos culturales ajenos al grupo al que se pertenece, cuando se generan falsas expectativas sobre un fenómeno social de evidente desenlace, cuando se plantean retos de los que no se tienen cimientos firmes para su realización o cuando se divulga de manera tergiversada alguna concepción de cierto acontecimiento. En cuestión de la presentación oscurantista de la realidad, los gobiernos han encontrado a un aliado simbiótico: la televisión, generadora de sueños inalcanzables la mayoría de las ocasiones, en la que las estrellas y los valores presentan visiones estereotipadas de lo que se espera en cuanto a la conducta individual y colectiva de los televidentes, en beneficio de los insaciables empresarios de la enajenación. Los representantes del oscurantismo en la actualidad siguen persiguiendo al que piensa diferente, independientemente de su validez intelectual, siguen promoviendo e imponiendo ideas que se contraponen al desarrollo racional de una sociedad cuyo principal interés es el de lograr vivir en condiciones que garanticen la realización de sus deseos de superación en base a instituciones realmente funcionales que coadyuven a la cobertura de educación, empleo, seguridad social y esparcimiento. Es intolerable que junto a las propuestas enajenantes del gran capital, se tenga que soportar las imposiciones irracionales de falsos educadores “titulados” cuyo principal interés es el adular al superior, esperando el acenso o la palmada de reconocimiento, contraviniendo la legalidad y la normatividad generalmente y que no admiten que el respeto a la pluralidad es la garantía del desarrollo social.
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