La relación entre Colombia y Venezuela descansa en un sustrato de conflictividad pues mientras en el primer país existe el régimen oligárquico más represivo y cercano a Estados Unidos y sus políticas neoliberales en América Latina, el de Venezuela es un gobierno popular con un líder promotor del socialismo y de la independencia de nuestra región respecto a Washington. Precisamente la razón principal para la instalación de sus bases en Colombia es mantener en jaque a la revolución bolivariana. Encima, en su última etapa el gobierno de Álvaro Uribe exacerbó todo lo que podía envenenar los nexos bilaterales hasta provocar la ruptura de las relaciones diplomáticas, actividad en la que contó con el apoyo estadunidense. Pero por más profundas que sean las diferencias ideológicas entre países hermanos de América Latina y el Caribe, cualquier asunto que deteriore sus relaciones interestatales perjudica en primer lugar a sus pueblos y sólo favorece los intereses imperialistas.



















